Las madres también se arrepienten

Un estudio que revela el mayor de los tabúes: que las mujeres también pueden arrepentirse de ser madres. Que el arrepentimiento en la maternidad no es exclusivo de las mujeres que deciden no tener hijxs. Y que se arrepientan no significa que sean unos monstruos que no quieren a sus hijxs. No, quieren a sus hijxs y se arrepienten de la maternidad.

Arrepentidas de ser madres

El mandato social de la maternidad para las mujeres es tremendamente fuerte aún, y lo confirma la experiencia de que las mujeres que deciden no tener hijxs tengan que dar explicaciones acerca de su decisión, mientras que las que deciden tenerlos no tienen que enfrentarse a ningún cuestionamiento social (otra cosa ya es cuando tienen a sus criaturas y tienen que lidiar con las opiniones de todo al mundo acerca de cómo deben cuidarlas).

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Vivimos en una sociedad en la que te puedes arrepentir de cualquier cosa, menos de haber tenido hijxs, eso es algo sagrado. Te puedes arrepentir de la carrera que has estudiado, de la casa que te has comprado, de la relación que tuviste hace cinco años… pero no está permitido arrepentirte de ser madre, porque ya sabemos que eso es “LO MEJOR QUE TE HA PASADO EN LA VIDA”, lo sientas así o no.

Lxs hijxs parece que vienen a darle sentido a la vida, que parece que simplemente estar vivas no es suficiente para que tenga sentido. Yo me pregunto más bien qué sentido tiene tener hijxs, sobre todo cuando lo pienso por la mañana después de leer las noticias del día.

Es muy común para las personas que no quieren tener hijxs que un comentario recurrente sea que te vas arrepentir. Bueno, parece que ya ese argumento, a partir de ahora, también puede utilizarse para las que sí quieren ser madres…

Más allá de las sufragistas… Feminizando la política

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Ir al cine el día de Navidad con las mujeres de mi familia a ver “Sufragistas” es probablemente de las mejores cosas que he podido hacer en estas controvertidas fiestas familiares, donde se transita entre la jodida obligatoriedad de los eventos familiares muchas veces poco deseados y la catarsis colectiva de desearle felicidad, paz y amor por unos días en el año a todo ser viviente que se cruce en tu vida. Y eso, a pesar de que el cine estuviera petado hasta las trancas (yo pensaba que el día de Navidad la gente se quedaba en sus casas cantando villancicos en familia) y tuviéramos que ver la peli en primera fila.
No sé si la película me parece mejor por haberla visto tan cerca, y eso hizo que la viviera con más intensidad, o es que de verdad es grande. Es grande el relato que cuenta, porque cuenta un momento fundamental de la historia desde las figuras anónimas que la hicieron posible, es grande la interpretación de Carey Mulligan, y es grande el guión de Abu Morgan, que consigue contar una gran historia, albergando también pequeñas historias reflejadas en segunda fila, pero presentes. Ahí se encajan las diferencias de clase que condicionaban el posicionamiento de las mujeres en la lucha sufragista, las desavenencias sobre las estrategias a seguir para conseguir sus objetivos en un colectivo que no es homogéneo, o el papel secundario de los hombres (muy bien colocados en un segundo plano) representados en su variedad, pero de una manera muy realista.
Me quedo sobre todo con un par de frases de la película que me parecen destacables y de tremenda actualidad. Ahí va la primera:
“Si quieren que respetemos las leyes, tendremos que hacer leyes respetables”. Esto le dice Violet, la compañera de trabajo de la protagonista, Maud, que la acerca al movimiento sufragista. Pues ahí está esta frase de tremenda actualidad, a pesar de los años que han pasado ya desde el tiempo que refleja la peli. Y nuestrxs políticos conservadorxs, y quien se identifica con estas políticas, siguen argumentando que hay que cumplir las leyes para hacerse respetar, y desde el otro lado seguimos empeñadxs en que no se podrán respetar hasta que no sean respetables unas leyes que ponen por encima de las personas a los mercados, que jerarquizan unas personas sobre otras por razón de sexo, etnia, cultura, nacionalidad, edad…
Y la otra frase a resaltar se produce en un momento de gran intensidad de la película, en el que Maud tiene que defender de forma improvisada el voto para las mujeres en base a su experiencia formando parte del colectivo de lavanderas donde trabaja. El tribunal ante el que habla le pregunta: “¿Por qué quieres el voto para las mujeres?” Y ella le contesta: “A veces pienso en cómo sería vivir una vida en un mundo mejor”.
Aún seguimos imaginando cómo sería vivir en un mundo mejor y luchando por ello, cada una a su manera, desde distintas formas, muchas mujeres del mundo. Conseguimos el voto en muchos países, incluso llegamos a puestos de poder, a ministerios, y en algunos países hasta a presidentas de gobierno. Pero surgieron nuevos retos. Ya no basta con ocupar los puestos de poder, cuando se pueden ocupar. Ahora queremos feminizar la política. Ya no queremos solo participar en las estructuras, queremos cambiarlas, queremos llevar las lógicas de cuidado a la política, desde los colectivos sociales a las instituciones, poner la vida en el centro, frente al gobierno de los mercados. Y se van dando algunos pasos.

Seguimos, seguiremos imaginando otros mundos, otras vidas que merezcan la pena ser vividas.

Machismo Trashumante

Desde el planeta entregrietano cada vez vemos más claro el vínculo entre lo virtual y lo presencial, sobre todo porque encontramos símiles evidentes entre situaciones que se dan en ambos mundos, que se reflejan y complementan.

Insistimos: el mundo virtual no es más que el alter-ego del presencial, representa los mismos valores y reproduce las mismas violencias. Si bien es cierto que ofrecen un espacio para construir nuevas maneras de ser, de estar y de colaborar, también lo es que quienes dinamizamos esos espacios somos personas socializadas en contextos concretos y lo que volcamos en las redes es producto de esa socialización.

En el mundo presencial los machistas y agresores siempre cuentan con el apoyo de la estructura del que Bourdieu llamó “privilegio masculino”. Especialmente reconocido entre los Cuerpos de Seguridad (y Represión) del Estado, también cuenta con simpatizantes en cualquier espacio colectivo (calles, autobuses…) y de participación ciudadana (desde la clásica asociación de vecinxs hasta los movimientos sociales más “alternativos”), y por supuesto en las propias estructuras de los modernos estados-nación, sustentados en valores neoliberales, militares y patriarcales.

En el mundo virtual, son los llamados trolls los que acarrean con la responsabilidad de defender la estabilidad machista del mundo a base de amenazas, discursos maniqueos, invención de datos que los avalan y pensamientos que sentencian, como por ejemplo: “Las culpables del machismo sois vosotras (las feministas). Si dejarais las cosas como están, gracias a los cambios naturales de las nuevas generaciones, desaparecería solo poco a poco”. Dígannos que cuando leen este tipo de frases no esperan encontrar al final: “In nomine patris, et filii et spiritus sancti”.

Este tipo de ideas son difundidas en la red bajo la lógica de “si repites una cosa muchas veces, se convierte en verdad”, que no es más que la misma lógica que subyace al pensamiento patriarcal “el que la sigue la consigue”: refrán y mito de la cultura popular que sustenta el derecho al acoso en ambos mundos: el físico y el virtual.

Lo más indignante es que el discurso colectivo sigue aislando los ataques machistas como si fueran actos singulares producto de la cabecita trastornada de algún individuo, lo que da pie a caer rápidamente en el “no podemos generalizar”, #NotAllMen y blabla… Una vez más: NO SON ENFERMOS, SON HIJOS SANOS DEL PATRIARCADO. Gracias. Estábamos al borde de la úlcera si no lo soltábamos.

A continuación, compartimos algunos sucesos acontecidos que ilustran nuestra indignación ante esta especie de complicidad machista inter-mundos:

1º) #SiSucedioEnMalaga #Machismo en nuestras calles: historia verídica narrada en primera persona por una amiga malagueña, que vivió esta situación en pleno centro de la ciudad, el pasado 14 de Mayo (el texto lo hemos copiado de una publicación que realizó en su perfil de Facebook, denunciando el hecho):

“Hola, hoy un desconocido se ha visto con la potestad de intentar pegarme en mitad de la calle.

El mismo que ha visto conveniente perseguirme durante 15 minutos y estar al menos, 10 de ellos, soltando burradas mientras andaba pegado a mi nuca.

En el momento de pararme, girarme, y preguntarle qué: (1) de qué nos conocíamos y (2) quién coño era para faltarme el respeto de esa manera, él, en vez de soltar algún argumento estúpido e intentar justificarse de alguna estúpida manera, ha decido que lo pertinente era pegarme una hostia para así callarme (“al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”).

Yo era más alta y probablemente pesaba más que él, pero eso da igual, yo soy una mujer y él un hombre.

En ese momento una mujer se ha parado y le ha cogido del brazo mientras yo le gritaba.

Él, abochornado por el espectáculo (no por tratarme como un cacho de carne, y no, tampoco por intentar pegarme), se ha ido agachando la cabeza.

Queridos machos del mundo:

No necesitamos vuestro piropo

Tampoco vuestra mirada que nos desnuda

No quiero que nos saludes ni que nos sonrías, no nos conocemos de nada.

Antes nos sentíamos pequeñas, frágiles y vulnerables, a día de hoy tenemos mucha mala leche y mucha rabia acumulada.”

Lo peor de esta situación es que 9 de cada 10 veces, las mujeres sufrimos este tipo de ataques en SILENCIO porque tenemos incorporado el miedo (y con razón) a ser represaliadas, porque si el grado de violencia aumenta y resultamos agredidas, sabemos que la culpa será nuestra, que lo hemos provocado.

2º) La compañera de Especialista en Igualdad, quien por desgracia ya sufre habitualmente cyberataques y amenazas, que en ocasiones incluso han saltado de las redes al mundo presencial, ha vuelto a ser censurada por Facebook.

La historia se resume en: machi-troll denuncia su página, Facebook la cierra sin comprobar nada, ella denuncia lo ilícito de esta situación, y su página vuelve: ¿a ti te han escrito pidiéndote disculpas? Porque a ella tampoco.

Recomendamos este artículo de su blog en el que reflexiona sobre estas situaciones y ofrece un análisis más que acertado de esta convergencia inter-mundos: #Neomachistas: Adoquines 2.0

Nos despedimos con una frase suya, también extraída de su perfil: “Podréis matarnos, pero no nos detendréis”.

Madres: entre el corsé y el deseo

Un año más ha llegado el “Día de la Madre”, y desde nuestro rincón entregrietano asistimos con cierto pavor al ritual consagrado en torno a él. “Pasen y vean!! Tenemos a su disposición todo un arsenal de artículos que podrá consumir para demostrarle su amor a su madre!!”

Somos conscientes de que abordar la maternidad como fenómeno social y complejo que es, sería materia de tesis doctoral, pero precisamente por la importancia y por las repercusiones que tiene en la construcción de las identidades femeninas, nos animamos a dedicarle una modesta entrada de blog.

05tirasmafaldaLxs creativxs publicitarixs están actualmente en la onda de la publicidad emocional, como ya sabemos, y nos instan a consumir por amor en cada efeméride, ofreciéndonos innumerables soportes: cartelería, cuñas de radio, anuncios de TV, banners en páginas de internet, promociones publicitarias en las redes sociales… Las que recibimos en torno a la celebración del Día de la Madre suelen tener un matiz especial debido a la autenticidad y exclusividad que se presuponen para el “amor de madre” frente a otros modelos de amor. Para entrarle con un poco de humor a este tema, queremos empezar compartiendo uno de los anuncios más estereotipados (y cutres, por qué no decirlo) de creación española que hemos visto en esta semana:

El anuncio del sorteo de la ONCE ennoblece y enmascara la alianza patriarcado-capitalismo a través de la que las mujeres-madres asumen las tareas de reproducción y cuidado de la vida humana en su conjunto. Genera además una solución mágica de conciliación que legitima la explotación de las mujeres-madres, que es precisamente la que enmascara la celebración de este día: yo te quiero tanto que te regalo un número para un sorteo* que te hace mucha ilusión porque es tu día y nada puede superar el amor de una madre, ahora bien, mi bolso con los tuppers* no lo pienso dejar atrás, ni hoy, ni los 364 días restantes del año (*el regalo y los tuppers son sustituibles por otros elementos, el silogismo seguirá funcionando para analizar un porcentaje bastante alto de los anuncios para el Día de la Madre).

s29Existe un corsé enorme en los espacios políticos de participación que encierra la dimensión de re-conocimiento que tenemos en el espacio público y político las mujeres en tanto que somos madres, y a la vez, implica nuestra exclusión del espacio público como sujetos políticos de pleno derecho, precisamente porque somos madres, y nuestra dedicación a las tareas de cuidados es una tara para que participemos en igualdad de condiciones.

La maternidad, como bien dice Susanita, forma parte del Ser de la Feminidad en el imaginario simbólico y de la política del deseo en la que somos entrenadas desde niñas a través del cuidado de nuestros muñecos-bebé. Ser madre es planteado con un devenir natural que acontece en la vida de toda mujer que se precie. Es un estatus social, y además la descendencia se convierte en un apéndice a través del que te defines: la prioridad en tu vida ya no eres tú, de hecho, no puedes ser tú, porque si no te conviertes en una mala madre y, por consiguiente, en una mala mujer.

Esta “mística de la maternidad” (guiño obvio a nuestra querida Betty Friedan) salta al terreno de la participación pública y comunitaria, en la que observamos varias situaciones asociadas al hecho de ser madre:

– Si eres de las que elige ir con su hijx a todas las asambleas, reuniones y actos públicos: probablemente escuches quejas por los ruidos que pueda hacer, o porque te sacas la teta, o porque estás más atenta a sus necesidades que a lo que se está hablando, por no hablar de los horarios a los que se da la “vida pública” y de los espacios en los que se da, que suelen ser bastante incompatibles con la crianza.

– Si eres de las que elige dejar a su hijx con alguien que le cuide: se te agradecerá de forma no explícita, porque todo el mundo tiene interiorizado el discurso de la igualdad formal, pero no pienses ni por un instante que se intentará reducir la duración para facilitar la conciliación, o que aquellas personas a las que les encanta oirse acortarán sus tiempos de intervención, sino que lo más probable es que te tendrás que marchar antes de que acabe, salvo que realmente la persona con la que hayas dejado a tu hijx sea de total confianza y puedas quedarte sin límites. Ojo, que en ese caso el fantasma de la mala madre se cierne sobre tí… buuuuhhh…

– Si eres de las que eligen no tener una triple o cuádruple jornada laboral: combinar trabajo productivo, reproductivo, tiempo para la participación comunitaria y también para estar guapa y activa sexualmente. Resulta extenuante, por eso a veces muchas mujeres eligen quitarse cosas en pro de su salud, lo que se puede interpretar rápidamente como que se están autoexcluyendo de la vida pública y política. No es que las condiciones estructurales hagan que la participación y la maternidad sean incompatibles, es que tú… no tienes ganas.

No obstante, no te preocupes, la culpa de todo siempre será tuya, así que haz lo que mejor te venga, porque te van a criticar igual.

susana_1aEl corsé se amplía y aborda también a las mujeres no-madres, entendiendo la no-maternidad como un estado transitorio, no como una elección consciente, duradera y una opción maternal en sí misma. Si no eres madre, se entiende que debes adoptar un modelo de participación masculinizada o de dedicación exclusiva, de definición de nuestra autoestima en función del reconocimiento en el ámbito público. ¿Dónde quedan los autocuidados? ¿Qué es eso? ¿Para qué te vas a cocinarte pudiendo recoger los tuppers que te hace tu madre mientras tú preparas la revolución?

Sabemos que esto es una falacia, porque el sujeto político es heteronormativo y se define por la masculinidad hegemónica, por lo que aunque nos esforcemos mucho en alcanzar ese modelo, nunca seremos reconocidas como tales, pero aún así, somos cuestionadas bajo estos parámetros.

Si miramos a la historia reciente, el mayor reconocimiento que hemos obtenido las mujeres en la esfera política ha sido a través de nuestras maternidades: LAS MADRES DE… luchando por algo que tiene que ver con sus hijxs. Esas sí han merecido menciones en los libros de Historia. Aclarar que no desmerecemos estas luchas, todo lo contrario, las admiramos y respetamos profundamente, sólo queremos realizar esta observación, que no deja de parecernos paradójica: si eres madre, tus espacios para la participación pública están vendidos, salvo que el origen de esa acción política sea la maternidad en sí misma.

Seguiremos transitando los caminos y las luchas que nos lleven a realizarnos desde nuestros deseos más íntimos, lejos de las místicas y de las normas.

Gracias a nuestras madres, a sus ejemplos, a sus cuidados y a sus grandes revoluciones de la vida cotidiana.

¡FELIZ DÍA TODO EL AÑO!

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¿Qué es violencia de género?

El 25 de noviembre se conmemora el día Internacional contra la violencia de género. Cuando se habla de la violencia de género, la primera referencia suele situarse en el número de mujeres muertas de manos de su pareja o expareja. Esta es probablemente una de las formas más atroces de la violencia hacia las mujeres, pero no la única.

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El maltrato por parte de la pareja o expareja es solo una de las múltiples formas en las que se produce la violencia de género. Este maltrato su vez puede ser físico, psicológico, sexual, económico, social… y en la mayoría de los casos confluyen varios.
La violencia de género se define como “un tipo de violencia física o psicológica ejercida contra cualquier persona sobre la base de su sexo o género que impacta de manera negativa su identidad y bienestar social, físico o psicológico”. Para ONU Mujeres, este tipo de violencia «se refiere a aquella dirigida contra una persona en razón del género que él o ella tiene así como de las expectativas sobre el rol que él o ella deba cumplir en una sociedad o cultura».
Galtung introduce el concepto de triángulo de la violencia para mostrar la dinámica de la generación de la violencia en conflictos sociales, como sucede en la violencia de género. Para Galtung, la violencia es como un iceberg, siendo la violencia visible solo una parte del conflicto.

Clasifica la violencia en tres tipos:
Violencia directa: aquella violencia visible, a través de la cual la persona sale dañada o herida física o mentalmente. En este tipo de violencia se inserta la paliza que un maltratador da a una mujer, el insulto, la humillación…
Violencia estructural: aquella que provoca que las realizaciones efectivas, somáticas y mentales, de los seres humanos estén por debajo de sus realizaciones potenciales. Hace referencia a la existencia de un conflicto entre dos o más grupos sociales en el que el reparto, acceso o posibilidad de uso de los recursos es resuelto sistemáticamente a favor de alguna de las partes y en perjuicio de las demás, debido a los mecanismos de estratificación social. Un ejemplo de violencia estructural sería la negación del derecho al aborto de la mujeres por parte de un determinado Estado.
Violencia cultural: Se trata de un amplísimo entramado de valores que asumimos continuamente a través del proceso de socialización, y que se refuerzan con las normas legales. Cumple la función de legitimar la violencia directa y estructural, así como de inhibir o reprimir la respuesta de quienes la sufren. El complejo escenario desde el que se inyecta el ideal de amor romántico a las mujeres es un ejemplo de violencia cultural que justifica otras formas de violencia hacia las mujeres.

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Por su parte, Bourdieu introduce el concepto de violencia simbólica. Esta violencia se define como “a las formas de violencia no ejercidas directamente sobre las personas, es decir, mediante la acción física, sino a través de la imposición de roles sociales, estructuras mentales o categorías cognitivas”. Se trata de la interiorización y naturalización de las relaciones de poder desiguales y asimétricas, de manera que se convierten en incuestionables. De esta manera, la violencia simbólica va a determinar los límites dentro de los cuales es posible percibir y pensar. Por ello, la violencia simbólica es ejercida por todos y todas, siendo cómplices de ella, y desarrollándose a través de la publicidad, las letras de canciones, películas y series de televisión, novelas, revistas,…

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Sin embargo, toda relación de poder incluye la posibilidad de resistencia. Desde los movimientos feministas se han ido creando múltiples respuestas a los diferentes modos de violencia de género desde largo tiempo, habiéndose multiplicado en los últimos tiempos con infinidad de proyectos que se crean desde las redes de Internet.

A continuación presentamos algunos ejemplos de proyectos que buscan romper, denunciar y responder a distintas formas de violencia de género:

El cazador cazado:

‘El cazador cazado’ es un proyecto que inició Alicia Murillo para denunciar el acoso machista callejero. En resumen, cuando un hombre le dice algo relativo a su físico cuando va por la calle, ella graba con el móvil el diálogo que mantiene con él, y lo cuelga en internet, intercalándolo con sus reflexiones sobre la tan normalizada práctica del “piropeo” y por qué ésta constituye una forma cotidiana de agresión sexista.

Proyecto Squatter:

Para repensar la publicidad y minimizar su influencia social, Proyecto Squatters nace como una resistencia simbólica que interviene avisos callejeros para dar “una respuesta creativa al monólogo del poder”.

 

Existen muchísimos más ¿Se te ocurre alguno…?.

Fuentes consultadas:

Bourdeau, P(2000): ” La dominación masculina”. Anagrama. Barcelona.
http://es.wikipedia.org/wiki/Tri%C3%A1ngulo_de_la_violencia
http://es.wikipedia.org/wiki/Violencia_de_g%C3%A9nero

Vacaciones en Montpelier: para Ella y para Él

Esta año nos vamos de vacaciones, que aunque no tengamos dinero para hoteles, nos iremos de camping, a un bungalow – este anunció salió con decisión de la boca de Él justo el día que acabó la escuela, fue celebrado por los hermanos con enorme algarabía, y aunque con un poco menos de júbilo,  también por Ella, quien desde hacía tiempo había dejado de pensar que su opinión era útil.

A partir de ese momento, pasaron a formar parte del ya interminable trabajo doméstico habitual, las tareas correspondientes a los preparativos de las vacaciones de toda la familia.

Para Ella quedaron preparar las maletas de 4 personas (habiendo seleccionado previa y cuidadosamente qué contendría cada una, y sustituído algunas prendas viejas o gastadas por otras nuevas, compradas para la ocasión), y organizar pequeñas maletas que sustituirían algunas de las comodidades de los espacios del hogar en el camping (maleta “cocina”, maleta “baño”, maleta “cuarto de la lavadora”, maleta “cuarto de los juguetes”, maleta “salón”). Todo esto realizado en tiempo y forma adecuados a la fecha de salida establecida, y en compañía constante de los niños que ya estaban de vacaciones y derrochaban energía de saber que pronto marcharían a la playa.

Según las agencias meteorológicas, este verano será menos caluroso de lo habitual – comentó Él la víspera de la salida durante la cena.

Para Él habían quedado las tareas de limpieza y puesta a punto del coche para el traslado, elección de camping y organización de la ruta de viaje.

Después de cuatro horas llegaron al camping “Le floreal”, a 38º, en el campo, a las afueras de Montpellier, con vistas a un polígono industrial y a media hora en coche de la playa más cercana.

Al pasar por recepción recogieron la llaves del bungalow: una especie de casita de planchas de uralita con un porche de madera prefabricada junto al que aparcaron el Dacia amarillo.

primeras paradas (1)Descargaron todo el equipaje: los juguetes de playa, las maletas, los útiles de cocina y demás enseres que Ella había preparado, y que ahora pasaban a decorar el bungalow.

Finalizada la instalación, el padre arranca el Dacia amarillo en dirección a la playa acompañado por los niños, mientras la madre preparaba la comida.

Regresan, y después de comer, duermen la siesta, porque hace mucho calor como para hacer otra cosa.

Los niños se aburren. Ella sale con ellos a la piscina para no hacer ruido y que Él pueda descansar.

Al caer la tarde, comienzan los preparativos para la cena, las duchas vespertinas y, para los niños, los juegos entre los árboles del camping con sus recién conocidos amig@s-de-vacaciones.

A las 11 de la noche se recoge la vida. El Dacia amarillo arranca, esta vez va sólo Él, quien marcha a la ciudad en busca de diversión. No regresa hasta pasadas las 3 de la madrugada.

A la mañana siguiente, amanece el segundo día de un fantástico mes entero de vacaciones en familia en Montpelier.

 

 

Vidas de mujeres. Parte I

abuelos

Mi abuela tuvo siete partos. Los 4 primeros hijos se le murieron porque no “agarraron”, después, tuvo tres más. La última es mi madre.

Se llamaba Magdalena y era una mujer culta para la época y la clase social que le tocó vivir. Aprendió a escribir porque ella quiso, a cambio de hacer las tareas domésticas en casa de la maestra. Le encantaba leer y escribir. Tenía una letra linda y temblorosa. También sabía hacer cuentas.

Vivió casi todo el siglo XX. Nació en 1902 y murió en 1993, con 91 años. Vivió la Segunda República y la Guerra Civil. La Transición a la democracia y el golpe de Estado fallido de Tejero. Mi madre siempre me cuenta que cuando mi abuela vio en la televisión la noticia del golpe de Estado dijo: “No. Otra vez NO! Que me muera yo antes.” Con una guerra a sus espaldas era suficiente.

A lo largo de su vida fue descubriendo los grandes inventos, sin los que ahora no nos imaginamos la vida, como la lavadora, la radio o la televisión. Cuando mi abuela veía las películas en la tele, pensaba que estaban sucediendo en realidad, y cuando un actor o una actriz moría en un pelicula, y después lxs veía salir en otra, siempre preguntaba: “¿Pero ese no había muerto ya?”. Se lo explicábamos una y otra vez, y lo volvía a preguntar. Ahora pienso que quizá lo hiciera porque sabía que nos hacía gracia.

De joven, se casó con mi abuelo, que era minero en un pueblo de Sierra Morena. Él también quiso estudiar y se preparó como Capataz Facultativo para ser Jefe de Minas, equivalente a la carrera de minas. Le quedaba una asignatura para terminar cuando estalló la guerra. Luchó en el bando republicano. Perdieron la guerra y a  mi abuelo lo encerraron cinco años en la cárcel. Mi madre me contó una vez que no lo mataron porque un familiar de mi abuela estaba en el otro bando. Hay muchas historias así durante la guerra.

Por entonces mis abuelxs ya tenían dos hijxs. A la mayor, mi tía, tuvieron que dejarla a cargo de una familia amiga, afin al bando republicano y con mejor posición social, que vivía en un pueblo cercano, donde mi abuelo anduvo mientras estaba en el frente. Se ofrecieron a hacerse cargo de ella mientras mis abuelxs no pudieran cuidarla, dándole techo, comida y un trato casi como el de una hija. También hubo muchas historias así, historias de solidaridad entre vecinxs, mientras el país se mataba a tiros. Mi tía no dejó de visitar a mi abuela, pero aprendió a querer a su otra familia, la familia que le había cuidado como a una hija, y se quedó con ellxs.

Mi abuela siguió adelante como pudo, con su otro hijo a cargo y su marido en la cárcel. Sin tener de dónde sacar, mi abuela juntaba comida para llevársela a mi abuelo a la cárcel. Tenía que hacer un largo viaje con la carga, y cuando al fin llegaba, no siempre le dejaban verlo. Y entonces se tenía que volver, sin más.

Todo ese tiempo mi abuela vivió con miedo, porque los guardias civiles sabían quién era ella y quien era su marido, y sabía que podían hacer lo que quisieran. Habían ganado la guerra.

Cuando yo era pequeña y la veía hacer croché sin descanso, o cantarme canciones con una dulzura infinita, no podía ni imaginar todo lo que ella había visto y vivido. Como suele pasar con lxs niñxs, yo pensaba que ella siempre había sido una abuela tal como yo la había conocido.

Estos son mis recuerdos, los que viví y los que me contaron, que como sabemos nunca serán del todo ciertos.

Mi abuela murió sin saber lo orgullosa que iba a estar de ella su nieta, la misma que ella pensaba, cuando llegó a la adolescencia, que ya no la quería como antes. Y sin saber que su vida iba a poder ser leída en la pantalla de algo parecido a un televisor.