Capacitación en género: del cambio personal al cambio social

Desde que se convocara la I Conferencia Mundial sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer en México D.F., coincidiendo con el Año Internacional de la Mujer, en 1975, con el objetivo de trasladar a la agenda política internacional que la discriminación contra la(s) mujer(es) seguía siendo un problema en buena parte del mundo, el “género” y “las mujeres” se han ido convirtiendo, respectivamente, en herramienta y destinatarias de numerosas acciones de desarrollo, tanto en el ámbito de la Cooperación Internacional como en el del Desarrollo Local.

mujer cuidando al mundo

Pero después de varias décadas en las que han proliferado tanto los estudios de género en los currículos académicos de las profesiones del Tercer Sector, como la necesidad de integrar al “género” en todo proyecto susceptible de ser financiado, los resultados generales, si le echamos un vistazo al panorama mundial, ponen de relieve el hecho de que la(s) posicion(es) de las mujeres no han mejorado como se esperaba, y que, por tanto, el enfoque de género no ha sido integrado adecuadamente en la práctica, sino que se ha quedado en el papel, en muchas ocasiones oculto bajo un epígrafe del proyecto etiquetado como acciones dirigidas a la mujer.

No integrar un enfoque de género concienzudamente pone de relieve dos aspectos:

1)    Las resistencias de quienes planifican a realizar un proceso de deconstrucción propio, personal.

En los entornos que podrían aglutinarse bajo “Occidente-Norte-Medio-Urbano” vivimos en una falacia de la igualdad sustentada en el hecho de que las mujeres hemos salido al mercado laboral y alcanzado cotas de igualdad formal muy altas. Este es el modelo que se transfiere a “Oriente-Sur-Medio-Rural””: les ilustramos para que sigan nuestros pasos.

Integrar un enfoque de género efectivo implicaría abordar las relaciones de poder, lo que nos situaría a su vez en la necesidad de reconocer que éstas también existen, y que han sido abordadas en forma pero no en fondo, por nuestro modelo ilustrado, blanco y burgués de “Igualdad”.

2)    Facilitar un empoderamiento real para las sociedades de “Oriente-Sur-Medio-Rural” supondría el fin de nuestro modelo de consumo.

Porque está basado en el Neocolonialismo: sólo si seguimos expoliando los recursos de otros lugares, humanos y naturales, podremos continuar viviendo en “Occidente-Norte-Medio-Urbano” tal y como vivimos hoy en día.

El enfoque de desarrollo que prima está centrado en la economía productiva, y este modelo es en sí contradictorio con el Enfoque de Género y los Derechos Humanos, porque no se puede favorecer la igualdad entre mujeres y hombres, sin garantizar la protección del medio ambiente, sin revisar los sistemas productivos que están devorando el planeta, combatir la obsolescencia programada y todos los residuos que genera; tampoco es posible “erradicar la pobreza extrema y el hambre” sin abogar por la soberanía alimentaria y la agroecología, ni cuestionar el sistema de agricultura intensiva mundial y el uso de fitosanitarios y pesticidas que envenenan, literalmente, la tierra, el agua, los alimentos, y los cuerpos de las personas que trabajan en este sector (según la FAO las mujeres producen entre el 60 y 80 % de los alimentos en los países en desarrollo, y la mitad de la producción mundial)

género y justicia socialEstos motivos conducen a pensar que es tarea de quienes nos profesionalizamos en este área de intervención, comprometernos no sólo a abordar las relaciones de poder patriarcales integrando adecuadamente un enfoque de género en nuestros proyectos, sino además, a hacerlo incorporando dos premisas.

Por un lado, debemos ser conscientes de que nosotras y nosotros pertenecemos a una sociedad patriarcal, y que trabajar en este ámbito no nos exime de los arquetipos culturales que nos instruyen en cómo ser mujeres y hombres.

Por otro, asumir constructivamente que dentro de las entidades a las que pertenecemos y que se encargan de implementar estos proyectos, las estructuras organizativas también pueden albergar relaciones de poder desiguales, para reconocerlas y trabajar para modificarlas.

En definitiva, si no nos lo creemos y actuamos para que el enfoque de género se integre en nuestra cotidianidad, ¿cómo lo haremos en el terreno laboral?

mafalda y mundo intercultural

*Artículo realizado para Almanara Consultoría Social y publicado por la Revista Digital SoyMujer

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