Las feministas son felices

Hace unos meses, desde Entregrietas decidimos unirnos a la campaña que se lanzó desde distintas plataformas feministas con objeto de modificar el contenido que Google ofrece acerca de las feministas en su buscador, como acto simbólico que tiene como finalidad darle la vuelta a la visión negativa de las mujeres feministas, ampliamente extendida en nuestra sociedad.

Las Feministas somos lo máximo

Después, quisimos investigar un poquito más, y ver qué decía Google de ésos invisibles, los hombres feministas, y esta vez a Google le costó un poquito más.

Los hombres feministas… ¿son?

Pasado un tiempo, nos hemos vuelto a acercar al buscador de Google, y algo ha cambiado, aunque no mucho.

feministas son

Han sido multitud de voces las que se han unido a este acto simbólico cibernético que quiere reflejar una imagen diferente de las feministas, una imagen con la que nos sintamos más identificadas.

Las feministas somos lo máximo es sólo una de las cosas que se pueden decir para darle la vuelta a la imagen social de las feministas.  Pero hay otras muchas cosas con las que podemos identificarnos para ir creando una imagen desde nosotras. Por ejemplo, que las feministas somos más felices, en total contradicción con el estereotipo que nos pone como unas amargadas.

mujeres felices1

Y es que el feminismo es un movimiento emancipador. Una vez que te pones las gafas de género empiezas a ver cómo la realidad cotidiana está impregnada de una pátina más o menos gruesa de patriarcado, y empiezas a darte cuenta de muchas cosas que antes no veías y que están en la base de la desigualdad de género. Sin embargo, esto mismo, a la vez es liberador, porque es entonces cuando puedes comenzar a hacerle cortes de manga a esas pequeñas y grandes cotidianidades que te oprimen. Empiezas a entender que estar bella es una imposición para las mujeres que nos quita mucho tiempo para otras actividades más interesantes, y que la base de ello es estar guapas para los hombres, que son la medida de todas las cosas. Entonces, decides que vas a ir un día  sin depilar a la playa, a ver qué pasa. Empiezas a entender que gustar a los hombres no es una obligación, y que tu autoestima no pasa por ser más o menos atractiva para ellos, que en tus relaciones amorosas llenas de insatisfacción hay una dosis importante de poder y desigualdad bajo el paraguas del amor que todo lo puede,  que además éstas relaciones están heteronormativizadas y establecen unas pautas de sexualidad que no siempre son las más satisfactorias para ti, que bajo la incomodidad de los “piropos” que te gritan por la calle lo que se esconde es una agresión sexual, y un sinfín de cosas más. Y es liberador porque solo cuando empiezas a ser consciente de estas realidades puedes empezar a establecer estrategias para enfrentarte a ellas, desde el respeto a nuestros propios ritmos y contradicciones.

Por ello, afirmamos que las feministas somos más felices. Y no solo lo pensamos nosotras.  Según un estudio, el feminismo fomenta la felicidad de las parejas, siendo éstas más sanas. Y también otras feministas confirman nuestra tesis.

Isabel Moya Richard, directora de la Editorial de la Mujer de Cuba, quien además es experta en las representaciones de las mujeres en la prensa y la publicidad, en una entrada del blog Mari Kazetari afirma: “El feminismo me ayudó a aceptar mi cuerpo, a sentirme feliz en él, aunque esté en silla de ruedas”.

Por su parte, Victora Aldunate, integrante del colectivo feminista chileno “Memoria Feminista” nos dice: “Creo que lo más importante que me ha aportado el feminismo en mi vida, es la libertad real de actuar y ser como siento y quiero. Cuando eliges ser feminista tienes que elegir entre los costos que significa no serlo y los costos que tiene ser feminista, porque todo tiene sus desafíos -además de placer y alegría-. Los costos de No ser feminista tienen que ver con actuar bajo las reglas patriarcales y neoliberales de consumo, clasismo y arribismo, bajo esa tonta idea de “familia bien constituida” que no se sabe muy bien qué es porque en esas familias “bien constituidas” muchas veces se oculta maltrato, diversas situaciones que producen dolor a sus integrantes y hasta aburrimiento. Y ser feminista significa rebelarse a todo eso para ser feliz respondiendo a las propias necesidades y deseos.(…) Creo que ser feminista, es revelarse contra lo establecido, para ser feliz, lo establecido, son esas cosas que se supone debes hacer o tolerar aunque no quieras y las creas tontas, hipócritas o humillantes, aunque te hagan daño…”

Y tú, ¿qué piensas?¿las feministas somos más felices?

8 pensamientos en “Las feministas son felices

  1. Por el pensamiento feminista y la actitud ética que implica, he logrado entenderme como persona y no como objeto. ¿Habrá mayor felicidad?

  2. A mi también me han hecho significativamente más feliz los feminismo, y los costos no son sacrificios, sino como se menciona, son desafíos. Gracias a los feminismo mi autoestima y aceptación han crecido, y disminuido muchas frustraciones que tenían su origen en la imposición de género y el abuso al que he sido sometida desde niña por haber nacido con un cuerpo que se categoriza “de mujer”. Me ha ayudado a construir relaciones más igualitarias y a no tolerar que me violenten de manera sistemática. A veces pienso que tal vez sería buena idea tener hijxs y que me gustaría educarles dentro de los feminismo porque si como mujer adulta han hecho tanto por mi, seguramente mi hjx crecerá como una persona muchísimo más libre y feliz.

  3. Para mí ser feliz es una decisión y si se puede decidir ser feminista ,así como tantas cosas, se puede decidir ser feliz.Es que simplemente no queda otra salida.Ja

  4. No sé si el feminismo me hace feliz (ver claramente las desigualdades no es la mejor forma de felicidad, aunque se contrarresta bastante viendo que la lucha por la igualdad la compartimos millones de mujeres en el mundo), pero de lo que no me cabe la más mínima duda es de que el feminismo me hace más persona, más coherente, más consciente y más solidaria.

  5. A mí el feminismo me ha ayudado, entre otras cosas, a las siguientes cuestiones:
    – Aceptarme y quererme como soy, entender de dónde vienen mis miedos, preocupaciones y dolores, entender cómo funciona el mundo.
    – Conocer a otras personas (maravillosas) que ven el mundo como yo, de forma que no me siento sola, ni histérica ni paranoica
    – Vivir una sexualidad razonablemente libre y feliz, haber sustituido las relaciones heterosexuales tradicionales por la expresión y el disfrute de un deseo pansexual, a la vez que la oportunidad de desarrollar mi identidad lésbica, cuestionar aspectos de mi feminidad que me limitaban, etc.
    – Tener recursos para cuestionar el amor romántico y no caer en relaciones de pareja tóxicas y marcas por los micromachismos.

    Es cierto que ser consciente de cosas, ver violencias sutiles todo el rato, etc. a veces desespera y amarga, pero a mí el balance me parece de lo más positivo. Sí, yo creo que soy más feliz desde que me siento parte del movimiento feminista.

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