Vidas de mujeres. Parte I

abuelos

Mi abuela tuvo siete partos. Los 4 primeros hijos se le murieron porque no “agarraron”, después, tuvo tres más. La última es mi madre.

Se llamaba Magdalena y era una mujer culta para la época y la clase social que le tocó vivir. Aprendió a escribir porque ella quiso, a cambio de hacer las tareas domésticas en casa de la maestra. Le encantaba leer y escribir. Tenía una letra linda y temblorosa. También sabía hacer cuentas.

Vivió casi todo el siglo XX. Nació en 1902 y murió en 1993, con 91 años. Vivió la Segunda República y la Guerra Civil. La Transición a la democracia y el golpe de Estado fallido de Tejero. Mi madre siempre me cuenta que cuando mi abuela vio en la televisión la noticia del golpe de Estado dijo: “No. Otra vez NO! Que me muera yo antes.” Con una guerra a sus espaldas era suficiente.

A lo largo de su vida fue descubriendo los grandes inventos, sin los que ahora no nos imaginamos la vida, como la lavadora, la radio o la televisión. Cuando mi abuela veía las películas en la tele, pensaba que estaban sucediendo en realidad, y cuando un actor o una actriz moría en un pelicula, y después lxs veía salir en otra, siempre preguntaba: “¿Pero ese no había muerto ya?”. Se lo explicábamos una y otra vez, y lo volvía a preguntar. Ahora pienso que quizá lo hiciera porque sabía que nos hacía gracia.

De joven, se casó con mi abuelo, que era minero en un pueblo de Sierra Morena. Él también quiso estudiar y se preparó como Capataz Facultativo para ser Jefe de Minas, equivalente a la carrera de minas. Le quedaba una asignatura para terminar cuando estalló la guerra. Luchó en el bando republicano. Perdieron la guerra y a  mi abuelo lo encerraron cinco años en la cárcel. Mi madre me contó una vez que no lo mataron porque un familiar de mi abuela estaba en el otro bando. Hay muchas historias así durante la guerra.

Por entonces mis abuelxs ya tenían dos hijxs. A la mayor, mi tía, tuvieron que dejarla a cargo de una familia amiga, afin al bando republicano y con mejor posición social, que vivía en un pueblo cercano, donde mi abuelo anduvo mientras estaba en el frente. Se ofrecieron a hacerse cargo de ella mientras mis abuelxs no pudieran cuidarla, dándole techo, comida y un trato casi como el de una hija. También hubo muchas historias así, historias de solidaridad entre vecinxs, mientras el país se mataba a tiros. Mi tía no dejó de visitar a mi abuela, pero aprendió a querer a su otra familia, la familia que le había cuidado como a una hija, y se quedó con ellxs.

Mi abuela siguió adelante como pudo, con su otro hijo a cargo y su marido en la cárcel. Sin tener de dónde sacar, mi abuela juntaba comida para llevársela a mi abuelo a la cárcel. Tenía que hacer un largo viaje con la carga, y cuando al fin llegaba, no siempre le dejaban verlo. Y entonces se tenía que volver, sin más.

Todo ese tiempo mi abuela vivió con miedo, porque los guardias civiles sabían quién era ella y quien era su marido, y sabía que podían hacer lo que quisieran. Habían ganado la guerra.

Cuando yo era pequeña y la veía hacer croché sin descanso, o cantarme canciones con una dulzura infinita, no podía ni imaginar todo lo que ella había visto y vivido. Como suele pasar con lxs niñxs, yo pensaba que ella siempre había sido una abuela tal como yo la había conocido.

Estos son mis recuerdos, los que viví y los que me contaron, que como sabemos nunca serán del todo ciertos.

Mi abuela murió sin saber lo orgullosa que iba a estar de ella su nieta, la misma que ella pensaba, cuando llegó a la adolescencia, que ya no la quería como antes. Y sin saber que su vida iba a poder ser leída en la pantalla de algo parecido a un televisor.

7 pensamientos en “Vidas de mujeres. Parte I

  1. Me ha emocionado el relato. Quiero más.
    Es importante que pongamos palabras a las historias de la gente corriente que fueron los que dieron sentido a esta tierra cuando el horror y el sinsentido se apoderaron de ella. Y que no las olvidemos.
    Felicidades!
    También yo estaré atenta para leerte.

    Saludos!

  2. Pingback: Mujeres entregrietas | LA RUA

  3. ¡¡Vivan las abuelas!! me encantó este relato cuando lo leí la primera vez y me sigue reencantando!! Visibilizando a aquellas mujeres guerreras que son nuestras ancestras!! Mil gracias!!

  4. Precioso relato. Es maravilloso leer tanto orgullo y admiración. Con la lágrima en los ojos me dejas. Me quedo por aquí para leerte

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s