Vacaciones en Montpelier: para Ella y para Él

Esta año nos vamos de vacaciones, que aunque no tengamos dinero para hoteles, nos iremos de camping, a un bungalow – este anunció salió con decisión de la boca de Él justo el día que acabó la escuela, fue celebrado por los hermanos con enorme algarabía, y aunque con un poco menos de júbilo,  también por Ella, quien desde hacía tiempo había dejado de pensar que su opinión era útil.

A partir de ese momento, pasaron a formar parte del ya interminable trabajo doméstico habitual, las tareas correspondientes a los preparativos de las vacaciones de toda la familia.

Para Ella quedaron preparar las maletas de 4 personas (habiendo seleccionado previa y cuidadosamente qué contendría cada una, y sustituído algunas prendas viejas o gastadas por otras nuevas, compradas para la ocasión), y organizar pequeñas maletas que sustituirían algunas de las comodidades de los espacios del hogar en el camping (maleta “cocina”, maleta “baño”, maleta “cuarto de la lavadora”, maleta “cuarto de los juguetes”, maleta “salón”). Todo esto realizado en tiempo y forma adecuados a la fecha de salida establecida, y en compañía constante de los niños que ya estaban de vacaciones y derrochaban energía de saber que pronto marcharían a la playa.

Según las agencias meteorológicas, este verano será menos caluroso de lo habitual – comentó Él la víspera de la salida durante la cena.

Para Él habían quedado las tareas de limpieza y puesta a punto del coche para el traslado, elección de camping y organización de la ruta de viaje.

Después de cuatro horas llegaron al camping “Le floreal”, a 38º, en el campo, a las afueras de Montpellier, con vistas a un polígono industrial y a media hora en coche de la playa más cercana.

Al pasar por recepción recogieron la llaves del bungalow: una especie de casita de planchas de uralita con un porche de madera prefabricada junto al que aparcaron el Dacia amarillo.

primeras paradas (1)Descargaron todo el equipaje: los juguetes de playa, las maletas, los útiles de cocina y demás enseres que Ella había preparado, y que ahora pasaban a decorar el bungalow.

Finalizada la instalación, el padre arranca el Dacia amarillo en dirección a la playa acompañado por los niños, mientras la madre preparaba la comida.

Regresan, y después de comer, duermen la siesta, porque hace mucho calor como para hacer otra cosa.

Los niños se aburren. Ella sale con ellos a la piscina para no hacer ruido y que Él pueda descansar.

Al caer la tarde, comienzan los preparativos para la cena, las duchas vespertinas y, para los niños, los juegos entre los árboles del camping con sus recién conocidos amig@s-de-vacaciones.

A las 11 de la noche se recoge la vida. El Dacia amarillo arranca, esta vez va sólo Él, quien marcha a la ciudad en busca de diversión. No regresa hasta pasadas las 3 de la madrugada.

A la mañana siguiente, amanece el segundo día de un fantástico mes entero de vacaciones en familia en Montpelier.

 

 

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