¿Qué es violencia de género?

El 25 de noviembre se conmemora el día Internacional contra la violencia de género. Cuando se habla de la violencia de género, la primera referencia suele situarse en el número de mujeres muertas de manos de su pareja o expareja. Esta es probablemente una de las formas más atroces de la violencia hacia las mujeres, pero no la única.

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El maltrato por parte de la pareja o expareja es solo una de las múltiples formas en las que se produce la violencia de género. Este maltrato su vez puede ser físico, psicológico, sexual, económico, social… y en la mayoría de los casos confluyen varios.
La violencia de género se define como “un tipo de violencia física o psicológica ejercida contra cualquier persona sobre la base de su sexo o género que impacta de manera negativa su identidad y bienestar social, físico o psicológico”. Para ONU Mujeres, este tipo de violencia «se refiere a aquella dirigida contra una persona en razón del género que él o ella tiene así como de las expectativas sobre el rol que él o ella deba cumplir en una sociedad o cultura».
Galtung introduce el concepto de triángulo de la violencia para mostrar la dinámica de la generación de la violencia en conflictos sociales, como sucede en la violencia de género. Para Galtung, la violencia es como un iceberg, siendo la violencia visible solo una parte del conflicto.

Clasifica la violencia en tres tipos:
Violencia directa: aquella violencia visible, a través de la cual la persona sale dañada o herida física o mentalmente. En este tipo de violencia se inserta la paliza que un maltratador da a una mujer, el insulto, la humillación…
Violencia estructural: aquella que provoca que las realizaciones efectivas, somáticas y mentales, de los seres humanos estén por debajo de sus realizaciones potenciales. Hace referencia a la existencia de un conflicto entre dos o más grupos sociales en el que el reparto, acceso o posibilidad de uso de los recursos es resuelto sistemáticamente a favor de alguna de las partes y en perjuicio de las demás, debido a los mecanismos de estratificación social. Un ejemplo de violencia estructural sería la negación del derecho al aborto de la mujeres por parte de un determinado Estado.
Violencia cultural: Se trata de un amplísimo entramado de valores que asumimos continuamente a través del proceso de socialización, y que se refuerzan con las normas legales. Cumple la función de legitimar la violencia directa y estructural, así como de inhibir o reprimir la respuesta de quienes la sufren. El complejo escenario desde el que se inyecta el ideal de amor romántico a las mujeres es un ejemplo de violencia cultural que justifica otras formas de violencia hacia las mujeres.

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Por su parte, Bourdieu introduce el concepto de violencia simbólica. Esta violencia se define como “a las formas de violencia no ejercidas directamente sobre las personas, es decir, mediante la acción física, sino a través de la imposición de roles sociales, estructuras mentales o categorías cognitivas”. Se trata de la interiorización y naturalización de las relaciones de poder desiguales y asimétricas, de manera que se convierten en incuestionables. De esta manera, la violencia simbólica va a determinar los límites dentro de los cuales es posible percibir y pensar. Por ello, la violencia simbólica es ejercida por todos y todas, siendo cómplices de ella, y desarrollándose a través de la publicidad, las letras de canciones, películas y series de televisión, novelas, revistas,…

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Sin embargo, toda relación de poder incluye la posibilidad de resistencia. Desde los movimientos feministas se han ido creando múltiples respuestas a los diferentes modos de violencia de género desde largo tiempo, habiéndose multiplicado en los últimos tiempos con infinidad de proyectos que se crean desde las redes de Internet.

A continuación presentamos algunos ejemplos de proyectos que buscan romper, denunciar y responder a distintas formas de violencia de género:

El cazador cazado:

‘El cazador cazado’ es un proyecto que inició Alicia Murillo para denunciar el acoso machista callejero. En resumen, cuando un hombre le dice algo relativo a su físico cuando va por la calle, ella graba con el móvil el diálogo que mantiene con él, y lo cuelga en internet, intercalándolo con sus reflexiones sobre la tan normalizada práctica del “piropeo” y por qué ésta constituye una forma cotidiana de agresión sexista.

Proyecto Squatter:

Para repensar la publicidad y minimizar su influencia social, Proyecto Squatters nace como una resistencia simbólica que interviene avisos callejeros para dar “una respuesta creativa al monólogo del poder”.

 

Existen muchísimos más ¿Se te ocurre alguno…?.

Fuentes consultadas:

Bourdeau, P(2000): ” La dominación masculina”. Anagrama. Barcelona.
http://es.wikipedia.org/wiki/Tri%C3%A1ngulo_de_la_violencia
http://es.wikipedia.org/wiki/Violencia_de_g%C3%A9nero

En definitiva…¿qué se supone que es el amor?

Ríos de tinta y kilómetros de películas han corrido sobre el amor, pero… ¿qué es, aparte de una enorme nube de ideas y conceptos que habitan nuestras mentes?

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 Lord Byron: “El amor del hombre es algo aparte de su vida, mientras que el de la mujer es su existencia”

Pablo Neruda: “Para mi corazón basta tu pecho, para tu libertad bastan mis alas”

Arthur Rimbaud: “Yo no amo a las mujeres. El amor hay que reinventarlo, todo el mundo lo sabe”

Pinta y colorea: crea tu propio MODELO DE AMOR

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Cuando desde las campañas feministas se denuncia el amor romántico como un elemento cultural que constriñe nuestras vidas, nos hace pres@s de unas vidas que no son las que hemos decidido e incluso, en algunos casos, puede llegar a matar, evidentemente no se refieren al amor de una forma general, ese amor que también es una energía que mueve el mundo, sino un amor mucho más concreto, que lleva toda una ideología detrás, como sistema de creencias cerrado y asentado en mitos que son planteados como verdades absolutas.

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Fina Sanz distingue entre el amor universal y el amor particular. En su obra “Los vínculos amorosos”, nos dice “El amor es una vivencia universal, existencial que se experimenta como algo  trascendente. Puede ser como algo que nos invade y que trasciende los límites de lo concreto y parece ponernos en comunicación con el cosmos. Sin embargo, ese sentimiento amoroso toma formas concretas cuando se materializa en una relación dual, en un vínculo amoroso (…). Se podría hablar aquí del amor particular. Esas formas en que se expresa el sentimiento amoroso varían de unas sociedades a otras y según los diferentes períodos históricos.”

Es aquí donde entra en juego lo que se denomina el AMOR ROMÁNTICO, que sería la forma en que vivimos en nuestra sociedad el amor particular dual, el cual es vivido de forma diferente según seamos mujeres u hombres. La forma de vivir el amor es contextual, la forma en que nos vinculamos es producto y a la vez define la estructura social. Es un amor que establece los parámetros en que ha de vivirse ese amor, constituyéndose en un mandato social, en un imperativo social que estructura nuestras vivencias afectivas.

Ese imaginario del amor por el que estamos condicionad@s y del que es difícil escapar, está repleto de mitos y creencias que nos transmite la publicidad, el cine, la música, los medios de comunicación y se respira en nuestra cotidianidad, ya sea  de forma sutil o explícita.  Estos mitos y creencias están siendo ampliamente recogidos y cuestionados desde los estudios feministas, con objeto de deconstruir  esta ideología amorosa que no nos permite vivir nuestras relaciones de una forma libre y saludable.

La investigación realizada por la Fundación Mujeres “Detecta Andalucía” clasifica en 4 grupos, 19 mitos, falacias y falsas creencias acerca del ideal del amor romántico, y “cuya asunción supone un importante factor de riesgo para establecer relaciones de desequilibrio de poder en las parejas y por tanto de la violencia de género:”

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Además de estos mitos y falsas creencias en torno al amor, que constituyen una meta inalcanzable y un proyecto de vida arriesgada para nuestra salud mental, encontramos que los mandatos sociales sobre el amor son diferentes según seamos hombres y mujeres, y  establecen quienes son las partes que deben vivenciar ese amor romántico. El mito del amor romántico se sustenta en un modelo heterosexual con roles de género bien diferenciados y definidos.

Uno de los mandatos sociales para las mujeres que BEPKO, C. y ANNKRESTAN, J recoge en  “¿Por qué las mujeres no saben decir no?” es

–          Haz que las relaciones funcionen. Ama por encima de todo.

El mandato social para las mujeres en torno al amor va dirigido a ENCONTRAR AL HOMBRE DE TU VIDA (Mito de la media naranja y de la complementariedad) y conservarlo. Toda la carga va dirigida sobre la mujer, que prioriza su relación de amor sobre todas las demás cosas. El AMOR (ROMÁNTICO) ES LO MÁS IMPORTANTE. De esta manera, las mujeres tienden a poner el amor en el centro de su vida, con las consecuentes dependencias emocionales que se derivan de ello.

Sin embargo, por más que los hombres también estén influidos por los mitos anteriores, para ellos no es el amor lo que se coloca en el centro de sus vidas, sino su propio proyecto de vida, en el que el amor puede estar incluido o no, y se pueden permitir no cuidarlo, no responsabilizarse de él. El mandato social para ellos pasa por triunfar en la vida, buscar su autonomía, ser independientes, fuertes, valientes, e incluso, no dejarse embaucar por las mujeres, para cumplir su cometido, o de lo contrario podría  ser tachado de calzonazos, o no cumplir con el mandato de ser un conquistador y desear a toda mujer que se le ponga delante como buen hombre que se precie.

De esta manera, nos dice Marcela Lagarde que del AMOR se espera “todo”, lo cual es una  responsabilidad demasiado grande para que nos lo aporte una sola persona, y que tiende a crear insatisfacción por esperar del amor un ideal difícil de cumplir. Al poner al amor en el centro de sus vidas, las mujeres se vuelven  más dependientes y esperan más de sus relaciones amorosas, buscando un trato determinado de los hombres (que las cuiden, que las protejan, que las adoren…), cuando por otra parte, a los hombres no se les ha enseñado a cuidar.

Ese ideal inalcanzable, es lo que Coral Herrera define como una utopía colectiva, imposible de alcanzar y que funciona como anestesiante social,  a la vez  que generador de un sufrimiento innecesario.

Por todo lo anterior, al amor es necesario ir con arneses, desprenderlo de su falta de racionalidad, que se nos presenta como si fuera algo ajeno a nosotr@s y que no depende de nuestra voluntad, y dotarlo de un sentido propio, de nuestra construcción personal. Saber situar el amor en nuestras vidas y saber situarnos ante el amor es un proceso de crecimiento y maduración personal, que supone desmontar los mitos y creencias del amor romántico, para construir un amor real, satisfactorio y placentero, no basado en el dolor y en el sacrificio, sino en nuestros deseos y necesidades, un amor por el que no nos sintamos arrastrad@, sino producto de nuestra decisión y proyecto de vida, que es una parte más de ella, y no el todo.

Por ello, como señala Monserrat Moreno en su libro “Cómo se enseña a ser niña”, es necesario “liberar los modelos”, y crear modelos nuevos y propios.

Es necesario crear nuestro PROPIO MODELO DE AMOR,con los ingredientes que queramos  y las personas que queramos.

El puzle lo creas tú!

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