Machismo Trashumante

Desde el planeta entregrietano cada vez vemos más claro el vínculo entre lo virtual y lo presencial, sobre todo porque encontramos símiles evidentes entre situaciones que se dan en ambos mundos, que se reflejan y complementan.

Insistimos: el mundo virtual no es más que el alter-ego del presencial, representa los mismos valores y reproduce las mismas violencias. Si bien es cierto que ofrecen un espacio para construir nuevas maneras de ser, de estar y de colaborar, también lo es que quienes dinamizamos esos espacios somos personas socializadas en contextos concretos y lo que volcamos en las redes es producto de esa socialización.

En el mundo presencial los machistas y agresores siempre cuentan con el apoyo de la estructura del que Bourdieu llamó “privilegio masculino”. Especialmente reconocido entre los Cuerpos de Seguridad (y Represión) del Estado, también cuenta con simpatizantes en cualquier espacio colectivo (calles, autobuses…) y de participación ciudadana (desde la clásica asociación de vecinxs hasta los movimientos sociales más “alternativos”), y por supuesto en las propias estructuras de los modernos estados-nación, sustentados en valores neoliberales, militares y patriarcales.

En el mundo virtual, son los llamados trolls los que acarrean con la responsabilidad de defender la estabilidad machista del mundo a base de amenazas, discursos maniqueos, invención de datos que los avalan y pensamientos que sentencian, como por ejemplo: “Las culpables del machismo sois vosotras (las feministas). Si dejarais las cosas como están, gracias a los cambios naturales de las nuevas generaciones, desaparecería solo poco a poco”. Dígannos que cuando leen este tipo de frases no esperan encontrar al final: “In nomine patris, et filii et spiritus sancti”.

Este tipo de ideas son difundidas en la red bajo la lógica de “si repites una cosa muchas veces, se convierte en verdad”, que no es más que la misma lógica que subyace al pensamiento patriarcal “el que la sigue la consigue”: refrán y mito de la cultura popular que sustenta el derecho al acoso en ambos mundos: el físico y el virtual.

Lo más indignante es que el discurso colectivo sigue aislando los ataques machistas como si fueran actos singulares producto de la cabecita trastornada de algún individuo, lo que da pie a caer rápidamente en el “no podemos generalizar”, #NotAllMen y blabla… Una vez más: NO SON ENFERMOS, SON HIJOS SANOS DEL PATRIARCADO. Gracias. Estábamos al borde de la úlcera si no lo soltábamos.

A continuación, compartimos algunos sucesos acontecidos que ilustran nuestra indignación ante esta especie de complicidad machista inter-mundos:

1º) #SiSucedioEnMalaga #Machismo en nuestras calles: historia verídica narrada en primera persona por una amiga malagueña, que vivió esta situación en pleno centro de la ciudad, el pasado 14 de Mayo (el texto lo hemos copiado de una publicación que realizó en su perfil de Facebook, denunciando el hecho):

“Hola, hoy un desconocido se ha visto con la potestad de intentar pegarme en mitad de la calle.

El mismo que ha visto conveniente perseguirme durante 15 minutos y estar al menos, 10 de ellos, soltando burradas mientras andaba pegado a mi nuca.

En el momento de pararme, girarme, y preguntarle qué: (1) de qué nos conocíamos y (2) quién coño era para faltarme el respeto de esa manera, él, en vez de soltar algún argumento estúpido e intentar justificarse de alguna estúpida manera, ha decido que lo pertinente era pegarme una hostia para así callarme (“al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”).

Yo era más alta y probablemente pesaba más que él, pero eso da igual, yo soy una mujer y él un hombre.

En ese momento una mujer se ha parado y le ha cogido del brazo mientras yo le gritaba.

Él, abochornado por el espectáculo (no por tratarme como un cacho de carne, y no, tampoco por intentar pegarme), se ha ido agachando la cabeza.

Queridos machos del mundo:

No necesitamos vuestro piropo

Tampoco vuestra mirada que nos desnuda

No quiero que nos saludes ni que nos sonrías, no nos conocemos de nada.

Antes nos sentíamos pequeñas, frágiles y vulnerables, a día de hoy tenemos mucha mala leche y mucha rabia acumulada.”

Lo peor de esta situación es que 9 de cada 10 veces, las mujeres sufrimos este tipo de ataques en SILENCIO porque tenemos incorporado el miedo (y con razón) a ser represaliadas, porque si el grado de violencia aumenta y resultamos agredidas, sabemos que la culpa será nuestra, que lo hemos provocado.

2º) La compañera de Especialista en Igualdad, quien por desgracia ya sufre habitualmente cyberataques y amenazas, que en ocasiones incluso han saltado de las redes al mundo presencial, ha vuelto a ser censurada por Facebook.

La historia se resume en: machi-troll denuncia su página, Facebook la cierra sin comprobar nada, ella denuncia lo ilícito de esta situación, y su página vuelve: ¿a ti te han escrito pidiéndote disculpas? Porque a ella tampoco.

Recomendamos este artículo de su blog en el que reflexiona sobre estas situaciones y ofrece un análisis más que acertado de esta convergencia inter-mundos: #Neomachistas: Adoquines 2.0

Nos despedimos con una frase suya, también extraída de su perfil: “Podréis matarnos, pero no nos detendréis”.

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Vacaciones en Montpelier: para Ella y para Él

Esta año nos vamos de vacaciones, que aunque no tengamos dinero para hoteles, nos iremos de camping, a un bungalow – este anunció salió con decisión de la boca de Él justo el día que acabó la escuela, fue celebrado por los hermanos con enorme algarabía, y aunque con un poco menos de júbilo,  también por Ella, quien desde hacía tiempo había dejado de pensar que su opinión era útil.

A partir de ese momento, pasaron a formar parte del ya interminable trabajo doméstico habitual, las tareas correspondientes a los preparativos de las vacaciones de toda la familia.

Para Ella quedaron preparar las maletas de 4 personas (habiendo seleccionado previa y cuidadosamente qué contendría cada una, y sustituído algunas prendas viejas o gastadas por otras nuevas, compradas para la ocasión), y organizar pequeñas maletas que sustituirían algunas de las comodidades de los espacios del hogar en el camping (maleta “cocina”, maleta “baño”, maleta “cuarto de la lavadora”, maleta “cuarto de los juguetes”, maleta “salón”). Todo esto realizado en tiempo y forma adecuados a la fecha de salida establecida, y en compañía constante de los niños que ya estaban de vacaciones y derrochaban energía de saber que pronto marcharían a la playa.

Según las agencias meteorológicas, este verano será menos caluroso de lo habitual – comentó Él la víspera de la salida durante la cena.

Para Él habían quedado las tareas de limpieza y puesta a punto del coche para el traslado, elección de camping y organización de la ruta de viaje.

Después de cuatro horas llegaron al camping “Le floreal”, a 38º, en el campo, a las afueras de Montpellier, con vistas a un polígono industrial y a media hora en coche de la playa más cercana.

Al pasar por recepción recogieron la llaves del bungalow: una especie de casita de planchas de uralita con un porche de madera prefabricada junto al que aparcaron el Dacia amarillo.

primeras paradas (1)Descargaron todo el equipaje: los juguetes de playa, las maletas, los útiles de cocina y demás enseres que Ella había preparado, y que ahora pasaban a decorar el bungalow.

Finalizada la instalación, el padre arranca el Dacia amarillo en dirección a la playa acompañado por los niños, mientras la madre preparaba la comida.

Regresan, y después de comer, duermen la siesta, porque hace mucho calor como para hacer otra cosa.

Los niños se aburren. Ella sale con ellos a la piscina para no hacer ruido y que Él pueda descansar.

Al caer la tarde, comienzan los preparativos para la cena, las duchas vespertinas y, para los niños, los juegos entre los árboles del camping con sus recién conocidos amig@s-de-vacaciones.

A las 11 de la noche se recoge la vida. El Dacia amarillo arranca, esta vez va sólo Él, quien marcha a la ciudad en busca de diversión. No regresa hasta pasadas las 3 de la madrugada.

A la mañana siguiente, amanece el segundo día de un fantástico mes entero de vacaciones en familia en Montpelier.

 

 

Mujeres bajo sospecha II

Transitando por la(s) red(es) nos hemos encontrado el vídeo en el que las personas que han participado y promovido que esta exposición y libro echaran a rodar hace poco más de un año, narran y visibilizan a las mujeres que vivieron bajo el franquismo, a la vez que cuestionan las formas de control desarrolladas en este periodo sobre nuestra sexualidad y nuestros cuerpos.

Simplemente…BELLAS

Las características de nuestro orden social, a lo largo de la historia de un patriarcado legitimado, no han propiciado en absoluto la emergencia de la identidad femenina en tanto que las mujeres no somos “sujeto”, porque nuestra condición “social” (que aunque solo sea un constructo social, a efectos prácticos se asume como natural, y a veces hasta biológico) nos relega a una pasividad que sólo nos deja “ser” para los ojos de otras personas.

Obviamente, cuestionamos esta relación directa que se suele realizar entre belleza y delgadez, pero aún así resulta llamativo cómo el hecho de que una mujer se esfuerce en “ponerse guapa” haga que un hombre sienta inseguridad porque esto le hace afirmarse en que ella está con otro, sin contemplar la posibilidad de que el objetivo de estar guapa sea su propio bienestar.

En este sentido, las identidades femeninas quedan subsumidas a la feminidad, por la que entendemos: una serie de atributos relacionados con la imagen femenina, fraguados a partir de una reflexión acerca de cómo construirla de tal forma que impresionemos con éxito a las y los demás, ya que de nuestra imagen dependen en gran medida nuestras posibilidades de promoción social. De esta manera, podríamos decir que las mujeres no nos construímos, sino que nos adaptamos a unos cánones preexistentes.

Con la emergencia de los modos liberales burgueses, en el s.XVIII se institucionaliza la delgadez como signo de distinción, en detrimento de la anterior concepción, ahora propia de las clases bajas, que consideraba la gordura símbolo de abundancia y de riqueza. Las mujeres asumieron la delgadez como un atributo deseable, asociado a la belleza y a la juventud.

Antes, la menopausia era considerada el fin de la utilidad social de las mujeres en tanto que perdían todo interés reproductivo; pero a partir de ese momento lo harán con la vejez. Este cambio da paso a un modelo cuya finalidad era prolongar la belleza-juventud para continuar gustando a sus maridos y permanecer en el seno del matrimonio, vía para sobrevivir en la sociedad. Se produjo en ese momento un incremento en los cuidados estéticos que ha trascendido, redefiniéndose, hasta nuestros días.

Cabe señalar, que muchas de estas modas impuestas a las mujeres han sido y son perjudiciales para su salud: como los pies flor de loto, los tacones, los corsés del s.XIX, “la talla 38” o las dietas milagrosas acompañadas de fármacos que aumentan su efectividad.

Precisamente mediante la proliferación del espectáculo en torno al cuerpo femenino, nace la división sexual dentro de la feminidad, generando dos grandes grupos a los que adscribirse en función de las cualidades que se tengan para despertar deseo sexual entre los hombres:

1. Diosas sublimadas, eternamente delgadas, jóvenes y bellas, que están para ser admiradas y abundan en TV y vallas publicitarias:

2.  Mujeres de carne y hueso, materiales, heterogéneas, que tienen otras cualidades y  son poco visibles en los medios de información y comunicación:

Dentro de esta cosmovisión cultural acompañada de un sistema de consumo que es la base de nuestra estructura social, los mensajes publicitarios usan los estereotipos para instalarnos en un universo onírico al que accederemos tras la adquisición del producto anunciado (quienes conforman el grupo 2 disponen de este camino para llegar a formar parte del grupo 1).

La acción (anti)pedagógica del discurso publicitario queda visible en la incidencia de las modas en el colectivo social en general, pero sobre todo en las y los adolescentes, por lo que debería reflexionarse de una manera más intensa sobre el tema, sobre si es lícito o no que la industria publicitaria haga uso de determinados estereotipos sabiendo los efectos que produce entre la población.

La Publicidad asocia el triángulo Belleza-Delgadez-Juventud a la felicidad, al éxito, al placer… Nos hace creer que consumiendo cosmética selecta o determinados productos alimentarios y con esfuerzo, llegaremos a ser como  “la bella” que lo promociona, pero esa belleza no existe, también es un producto: creado a partir de una selección minuciosa, tratado dermatológicamente, además de los retoques digitales que se hacen a fotografías y vídeos.

Pero nos crean lazos afectivos con las imágenes porque la bella también es madre, o va a la playa, o hace cualquier cosa que nosotras podemos hacer. La consecuencia de todo esto es que estas prácticas de consumo se han convertido en una necesidad y en uno de los pilares de la feminidad occidental.

A todo esto hay que sumar dos hechos:

  • El sector cosmético es de los que más dinero invierte en publicidad, dirigiéndose hacia las mujeres que son sus principales receptoras, y asestando golpes bajos psicológicos en la herida abierta de la inseguridad física femenina. La publicidad se aprovecha, según Lipovetsky, de las inseguridades que el sistema crea, por ejemplo la dependencia de tener o no una buena imagen para optar a un puesto de trabajo determinado[1].
  • La moda deja paso a la MODA ABIERTA, ya no existe una indumentaria común sino una multiplicidad de modas y modos que perfilan nuevos códigos sociales porque, detrás de cada modelo estético se agazapa una conducta y una concepción del cuerpo, dominada por los sistemas de publicidad.

Ya en los 60, Betty Friedan denominó a este fenómeno “mercantilismo sobre mujeres”, y desde los feminismos se ha reaccionado contra este fenómeno enérgicamente durante las últimas décadas, de forma que a día de hoy podemos afirmar que se han logrado visibilizar tanto la heterogeneidad existente entre los cuerpos de las mujeres, como la opresión que supone la imposición de los modelos aquí descritos y los costes que puede tener para la salud el intento de alcanzarlos. Pero eso sí, no puede perderse de vista que lejos de conseguir los objetivos de control sobre los contenidos publicitarios y televisivos referidos a los cuerpos de las mujeres, esta práctica se ha extendido sobre los cuerpos de los hombres, sobre todo en los últimos 10 años.

En general, toda la variedad de ofertas (hay un producto casi para cada parte del cuerpo) solo sirve para lo mismo: para crear incomodidad, fomentando el deseo de ser otras, de ser iguales que las bellas porque en esa idea se fundamenta el éxito de esta gallina de los huevos de oro que es la industria cosmética.

Y para tí ¿qué es “ser bella”?


[1] En: L. Ventura:  La tiranía de la belleza. Ed. Plaza & Janés. Barcelona, 2000. [pp. 30]