Pinta y colorea: crea tu propio MODELO DE AMOR

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Cuando desde las campañas feministas se denuncia el amor romántico como un elemento cultural que constriñe nuestras vidas, nos hace pres@s de unas vidas que no son las que hemos decidido e incluso, en algunos casos, puede llegar a matar, evidentemente no se refieren al amor de una forma general, ese amor que también es una energía que mueve el mundo, sino un amor mucho más concreto, que lleva toda una ideología detrás, como sistema de creencias cerrado y asentado en mitos que son planteados como verdades absolutas.

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Fina Sanz distingue entre el amor universal y el amor particular. En su obra “Los vínculos amorosos”, nos dice “El amor es una vivencia universal, existencial que se experimenta como algo  trascendente. Puede ser como algo que nos invade y que trasciende los límites de lo concreto y parece ponernos en comunicación con el cosmos. Sin embargo, ese sentimiento amoroso toma formas concretas cuando se materializa en una relación dual, en un vínculo amoroso (…). Se podría hablar aquí del amor particular. Esas formas en que se expresa el sentimiento amoroso varían de unas sociedades a otras y según los diferentes períodos históricos.”

Es aquí donde entra en juego lo que se denomina el AMOR ROMÁNTICO, que sería la forma en que vivimos en nuestra sociedad el amor particular dual, el cual es vivido de forma diferente según seamos mujeres u hombres. La forma de vivir el amor es contextual, la forma en que nos vinculamos es producto y a la vez define la estructura social. Es un amor que establece los parámetros en que ha de vivirse ese amor, constituyéndose en un mandato social, en un imperativo social que estructura nuestras vivencias afectivas.

Ese imaginario del amor por el que estamos condicionad@s y del que es difícil escapar, está repleto de mitos y creencias que nos transmite la publicidad, el cine, la música, los medios de comunicación y se respira en nuestra cotidianidad, ya sea  de forma sutil o explícita.  Estos mitos y creencias están siendo ampliamente recogidos y cuestionados desde los estudios feministas, con objeto de deconstruir  esta ideología amorosa que no nos permite vivir nuestras relaciones de una forma libre y saludable.

La investigación realizada por la Fundación Mujeres “Detecta Andalucía” clasifica en 4 grupos, 19 mitos, falacias y falsas creencias acerca del ideal del amor romántico, y “cuya asunción supone un importante factor de riesgo para establecer relaciones de desequilibrio de poder en las parejas y por tanto de la violencia de género:”

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Además de estos mitos y falsas creencias en torno al amor, que constituyen una meta inalcanzable y un proyecto de vida arriesgada para nuestra salud mental, encontramos que los mandatos sociales sobre el amor son diferentes según seamos hombres y mujeres, y  establecen quienes son las partes que deben vivenciar ese amor romántico. El mito del amor romántico se sustenta en un modelo heterosexual con roles de género bien diferenciados y definidos.

Uno de los mandatos sociales para las mujeres que BEPKO, C. y ANNKRESTAN, J recoge en  “¿Por qué las mujeres no saben decir no?” es

–          Haz que las relaciones funcionen. Ama por encima de todo.

El mandato social para las mujeres en torno al amor va dirigido a ENCONTRAR AL HOMBRE DE TU VIDA (Mito de la media naranja y de la complementariedad) y conservarlo. Toda la carga va dirigida sobre la mujer, que prioriza su relación de amor sobre todas las demás cosas. El AMOR (ROMÁNTICO) ES LO MÁS IMPORTANTE. De esta manera, las mujeres tienden a poner el amor en el centro de su vida, con las consecuentes dependencias emocionales que se derivan de ello.

Sin embargo, por más que los hombres también estén influidos por los mitos anteriores, para ellos no es el amor lo que se coloca en el centro de sus vidas, sino su propio proyecto de vida, en el que el amor puede estar incluido o no, y se pueden permitir no cuidarlo, no responsabilizarse de él. El mandato social para ellos pasa por triunfar en la vida, buscar su autonomía, ser independientes, fuertes, valientes, e incluso, no dejarse embaucar por las mujeres, para cumplir su cometido, o de lo contrario podría  ser tachado de calzonazos, o no cumplir con el mandato de ser un conquistador y desear a toda mujer que se le ponga delante como buen hombre que se precie.

De esta manera, nos dice Marcela Lagarde que del AMOR se espera “todo”, lo cual es una  responsabilidad demasiado grande para que nos lo aporte una sola persona, y que tiende a crear insatisfacción por esperar del amor un ideal difícil de cumplir. Al poner al amor en el centro de sus vidas, las mujeres se vuelven  más dependientes y esperan más de sus relaciones amorosas, buscando un trato determinado de los hombres (que las cuiden, que las protejan, que las adoren…), cuando por otra parte, a los hombres no se les ha enseñado a cuidar.

Ese ideal inalcanzable, es lo que Coral Herrera define como una utopía colectiva, imposible de alcanzar y que funciona como anestesiante social,  a la vez  que generador de un sufrimiento innecesario.

Por todo lo anterior, al amor es necesario ir con arneses, desprenderlo de su falta de racionalidad, que se nos presenta como si fuera algo ajeno a nosotr@s y que no depende de nuestra voluntad, y dotarlo de un sentido propio, de nuestra construcción personal. Saber situar el amor en nuestras vidas y saber situarnos ante el amor es un proceso de crecimiento y maduración personal, que supone desmontar los mitos y creencias del amor romántico, para construir un amor real, satisfactorio y placentero, no basado en el dolor y en el sacrificio, sino en nuestros deseos y necesidades, un amor por el que no nos sintamos arrastrad@, sino producto de nuestra decisión y proyecto de vida, que es una parte más de ella, y no el todo.

Por ello, como señala Monserrat Moreno en su libro “Cómo se enseña a ser niña”, es necesario “liberar los modelos”, y crear modelos nuevos y propios.

Es necesario crear nuestro PROPIO MODELO DE AMOR,con los ingredientes que queramos  y las personas que queramos.

El puzle lo creas tú!

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Hacia nuevas realidades

255107_457248474310810_2055797464_nSe denomina endoculturación al proceso a través del cual se transmite una cultura de generación en generación, de manera que la generación de más edad se ocupa de que la generación más joven adopte las costumbres, reglas y creencias que conforman la cultura de esa sociedad en cuestión, utilizando distintos métodos coercitivos para ello, entre los que se incluyen el castigo, la censura, la ridiculización, etc.

Desde un punto de vista antropológico, el término cultura ha recibido múltiples definiciones. Una de ellas es la que adoptó Margaret Mead en 1937, definiéndola como “el conjunto complejo de comportamientos tradicionales que han sido desarrollados por la raza humana y que sucesivamente son aprendidos por cada generación”.

Nuestra cultura es androcéntrica y heteropatriarcal. Y estos aspectos que conforman nuestra cultura, son transmitidos de generación en generación, a través del proceso de endoculturación. Esto significa que desde pequeñxs aprendemos que  lo masculino es la medida de todas las cosas, que es “lo universal”, y ejerce su dominio sobre el resto de seres, en concreto, nos referimos al hombre blanco y heterosexual.

Esto se materializa en diferentes aspectos como: la invisibilización de las mujeres a través del uso de masculino “genérico” en el lenguaje (probablemente uno de los aspectos en los que formalmente hay mayores resistencias), la cosificación de las mujeres en la publicidad, en la visión y uso de la imagen de las mujeres como fuente de placer para los hombres, etc.

Sin embargo, la cultura no es estática y las personas no somos meras reproductoras de la sociedad que nos legan en herencia, sino que tenemos la posibilidad de transformarla.

La antropóloga Dolores Juliano, afirma la necesidad de señalar  la distancia entre la cultura de masas y la cultura popular, ya que “poner ambas categorías bajo el mismo rótulo tiende a invisibilizar la capacidad de adaptación y reelaboración de amplios sectores de la población y lleva a un reduccionismo reproducista”[i]

Por tanto, las personas somos reproductoras, pero también creadoras y transformadoras de códigos culturales. Tenemos capacidad de agencia para desarrollar estrategias que subviertan el orden establecido, creando así nuevas referencias culturales.  Cuando esas nuevas referencias culturales cobran visibilidad y se expanden, logran cuestionar los modelos establecidos y propician cambios sociales.

Por ello, desde Entregrietas también queremos prestarle atención, y darle la relevancia que se merecen, a aquellas manifestaciones culturales y sociales que se alejan de los patrones patriarcales y androcéntricos dominantes. Así, mantendremos atenta la mirada a los guiños antipatriarcales que recibamos desde el cine, la música, la televisión, la Red, … y también  a lo que se cuece en las calles.

¡ESTAREMOS AL ACECHO!