Ser Feminista

Afirmar “ser feminista” sigue dejando bocas abiertas a tu alrededor, y a veces en los foros más inesperados, movimientos sociales incluidos.

caricatura sufraguistas

Recientemente en una conversación que podría calificarse de barra de bar aunque sucedió en un salón cualquiera de una casa cualquiera, habitada por una pareja heterosexual amiga, unas diez personas de en torno a los 35 años iniciaron un debate de sábado noche en torno a la reforma de la ley del aborto propuesta por Alberto Ruiz Gallardón.

Tomo una cerveza y escucho.

Es curioso como los microgrupos actúan como reflejo del todo social en problemáticas con argumentarios tan rancios, pero a la vez arraigados en la cultura popular, como puede ser el derecho al aborto libre. He de decir que yo tampoco me suelo encontrar este tipo de opiniones tan extremas a menudo, pero el caso es que en esta ocasión un gran número de las opiniones “clásicas” estuvieron representadas, y eso sí, encarnadas en una única persona, un hombre.

– Es antinatural.

– Lo que no puede ser es que se coja por costumbre, como método anticonceptivo..blabla…

– Liberarlo es como decir “venga, todo el mundo a follar sin sentido que no hay problema!”…blabla…

– Una mujer nunca va a querer abortar…por naturaleza…es una presión hacia ella…blabla…

– Etcétera.

Tomo otra cerveza, sigo escuchando y empiezo a notar las miradas nerviosas de quienes me conocen más, cómo se van depositando sobre mí, mientras yo voy expresando corporalmente mi intención de hablar a continuación y me voy poniendo roja.

Cuando termina, y como toda la mesa ya esperaba, comienza mi speech que se prolonga durante casi diez minutos, en el que expongo muy tranquilamente (aunque moviendo mucho las manos, todo hay que decirlo) por qué es totalmente necesario que el aborto sea libre y gratuito, y que comienzo diciendo: “Pues mira yo, como ciudadana, como feminista y como mujer, pienso que…blablabla” (ahora no viene al caso detallar mi argumentario, a quien le interese, puede asomarse a la entrada anterior Derecho a decidir 🙂 ).

Al finalizar, me mira y me dice, con cara de sorprendido: “¿eres FEMINISTA?“. Y a partir de ahí la conversación se re-centra en que yo soy feminista, y en si ser o no ser.

Tomo otra cerveza y escucho. Estoy anonadada. Siento que no ha escuchado absolutamente nada de todo lo que he dicho acerca del aborto porque SOY FEMINISTA.

cuál es el problema...Por suerte, gracias a la rápida mediación del resto de contertuli@s, se desvía hacia otro tema que no tenía nada que ver, diluyéndose.

Continuamos tomando cervezas en grupo. No me vuelve a hablar. Yo tampoco.

¿Hasta cuándo decir FEMINISMO o FEMINISTA, y más aún si van a acompañadas del verbo “ser”, va a suscitar tanto debate?¿Tenemos que dar explicaciones? ¿Qué hacer ante las caras de asombro? ¿Cómo no sentirte estúpida porque algunas personas no entiendan que simplemente te posicionas en pro de la justicia social y de los derechos humanos?

“La pedagogía feminista es un conjunto de discursos, una práctica política y es también una manera específica de educar. Su especificidad consiste en echar una nueva mirada a propuestas político-pedagógicas emancipadoras y desde una postura ética filosófica y política denuncia su parcialidad y su androcentrismo, posicionándose críticamente ante el poder y la dominación masculinos, promoviendo la libertad y el fortalecimiento de las mujeres para construir de manera colectiva una sociedad más libre y democrática”

¿Alguna vez te has sentido de una forma similar o has presenciado alguna situación de este tipo? ¿Quieres compartirla?

¡Nos encantará!

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Las feministas son felices

Hace unos meses, desde Entregrietas decidimos unirnos a la campaña que se lanzó desde distintas plataformas feministas con objeto de modificar el contenido que Google ofrece acerca de las feministas en su buscador, como acto simbólico que tiene como finalidad darle la vuelta a la visión negativa de las mujeres feministas, ampliamente extendida en nuestra sociedad.

Las Feministas somos lo máximo

Después, quisimos investigar un poquito más, y ver qué decía Google de ésos invisibles, los hombres feministas, y esta vez a Google le costó un poquito más.

Los hombres feministas… ¿son?

Pasado un tiempo, nos hemos vuelto a acercar al buscador de Google, y algo ha cambiado, aunque no mucho.

feministas son

Han sido multitud de voces las que se han unido a este acto simbólico cibernético que quiere reflejar una imagen diferente de las feministas, una imagen con la que nos sintamos más identificadas.

Las feministas somos lo máximo es sólo una de las cosas que se pueden decir para darle la vuelta a la imagen social de las feministas.  Pero hay otras muchas cosas con las que podemos identificarnos para ir creando una imagen desde nosotras. Por ejemplo, que las feministas somos más felices, en total contradicción con el estereotipo que nos pone como unas amargadas.

mujeres felices1

Y es que el feminismo es un movimiento emancipador. Una vez que te pones las gafas de género empiezas a ver cómo la realidad cotidiana está impregnada de una pátina más o menos gruesa de patriarcado, y empiezas a darte cuenta de muchas cosas que antes no veías y que están en la base de la desigualdad de género. Sin embargo, esto mismo, a la vez es liberador, porque es entonces cuando puedes comenzar a hacerle cortes de manga a esas pequeñas y grandes cotidianidades que te oprimen. Empiezas a entender que estar bella es una imposición para las mujeres que nos quita mucho tiempo para otras actividades más interesantes, y que la base de ello es estar guapas para los hombres, que son la medida de todas las cosas. Entonces, decides que vas a ir un día  sin depilar a la playa, a ver qué pasa. Empiezas a entender que gustar a los hombres no es una obligación, y que tu autoestima no pasa por ser más o menos atractiva para ellos, que en tus relaciones amorosas llenas de insatisfacción hay una dosis importante de poder y desigualdad bajo el paraguas del amor que todo lo puede,  que además éstas relaciones están heteronormativizadas y establecen unas pautas de sexualidad que no siempre son las más satisfactorias para ti, que bajo la incomodidad de los “piropos” que te gritan por la calle lo que se esconde es una agresión sexual, y un sinfín de cosas más. Y es liberador porque solo cuando empiezas a ser consciente de estas realidades puedes empezar a establecer estrategias para enfrentarte a ellas, desde el respeto a nuestros propios ritmos y contradicciones.

Por ello, afirmamos que las feministas somos más felices. Y no solo lo pensamos nosotras.  Según un estudio, el feminismo fomenta la felicidad de las parejas, siendo éstas más sanas. Y también otras feministas confirman nuestra tesis.

Isabel Moya Richard, directora de la Editorial de la Mujer de Cuba, quien además es experta en las representaciones de las mujeres en la prensa y la publicidad, en una entrada del blog Mari Kazetari afirma: “El feminismo me ayudó a aceptar mi cuerpo, a sentirme feliz en él, aunque esté en silla de ruedas”.

Por su parte, Victora Aldunate, integrante del colectivo feminista chileno “Memoria Feminista” nos dice: “Creo que lo más importante que me ha aportado el feminismo en mi vida, es la libertad real de actuar y ser como siento y quiero. Cuando eliges ser feminista tienes que elegir entre los costos que significa no serlo y los costos que tiene ser feminista, porque todo tiene sus desafíos -además de placer y alegría-. Los costos de No ser feminista tienen que ver con actuar bajo las reglas patriarcales y neoliberales de consumo, clasismo y arribismo, bajo esa tonta idea de “familia bien constituida” que no se sabe muy bien qué es porque en esas familias “bien constituidas” muchas veces se oculta maltrato, diversas situaciones que producen dolor a sus integrantes y hasta aburrimiento. Y ser feminista significa rebelarse a todo eso para ser feliz respondiendo a las propias necesidades y deseos.(…) Creo que ser feminista, es revelarse contra lo establecido, para ser feliz, lo establecido, son esas cosas que se supone debes hacer o tolerar aunque no quieras y las creas tontas, hipócritas o humillantes, aunque te hagan daño…”

Y tú, ¿qué piensas?¿las feministas somos más felices?

Una habitación propia para Entregrietas

Hoy estrenamos nuestra habitación en la casa Mujeres con Habitación Propia y  queremos compartirles la llave que hemos recibido esta misma mañana.La llave de tu habitación

Este espacio virtual se organiza bajo la idea de que las mujeres estamos, somos y creamos… a pesar de la invisibilidad histórica, de la desvalorización que existe sobre las cosas de las mujeres, por el mero hecho de serlo, y de que todas las iniciativas que se enmarcan dentro de los feminismos son habitualmente atacadas y calificadas como: “hembristas”, “excluyentes”, “histéricas”, “paranoicas”… y un largo etcétera que no vamos a enumerar ahora.

Desde Entregrietas vemos importantísimo seguir tejiendo redes entre mujeres, re-conocernos y visibilizarnos unas a otras como base de la sororidad, para facilitar cambios que mejoren la(s) posición(es) social(es) de las mujeres en el mundo.

En este sentido, esta casa virtual, aparte de evocar a la WomanHouse de Judy Chicago y Miriam Schapiro (donde en cada habitación se pudo disfrutar de las creaciones a través de las que las diferentes artistas cuestionaron la correspondencia entre los factores biológicos y los roles sociales asignados a las mujeres) se nos muestra como un cyberlugar en el que establecer sinergias y sintonizar con otras mujeres y proyectos que promueven la igualdad.

Quedan invitad@s a visitar la casa, esperamos que les guste habitarla, y por favor, no se marchen sin dejarnos un recuerdo en el Libro de Visitas.

¡Les esperamos!

ANTONIA. Un cuento de hadas feminista.

Modelos propositivos en el cine para la igualdad de género I.

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Tenía 16 años cuando fui al cine a ver la película “Antonia”, una película que pasó por los cines españoles sin pena ni gloria (a pesar de su Óscar como mejor película extranjera, entre otros premios), pero que dejó en mí una huella eterna.

Recuerdo el día en que fui a verla, en una tarde cualquiera, cuando aun había cines de los antiguos en el centro de las ciudades, acompañada por mi entonces mejor amiga, (a la que sigo conservando, aunque ya la igualé en categoría al resto de amigas, una vez que decidí desechar las jerarquías en mi imaginario amistoso) y otra amiga más, a la que el tiempo desterró de mi vida. Recuerdo que mi mejor amiga y yo salimos encantadas, y también que a la otra no le gustó.

antonia1Por entonces ya conocía y sabía diferenciar términos como hembrismo y feminismo, que había aprendido de la mano de mi adorada directora del grupo de teatro donde hacía mis pinitos como amateur, y me había dado cuenta de que era feminista sin saberlo, desde que era pequeña y peleaba en mi casa porque mi hermano hiciera su cama al igual que yo, o que yo no la hiciera, al igual que él.

Se me quedó gravada en la retina una escena de la película, probablemente no de las más significativas, pero sí bastante impactante para mí. Una de las protagonistas salía haciendo el pino, después de hacer el amor, para facilitar que los espermatozoides llegaran mejor al óvulo. Y esa es la imagen que me vino a la cabeza, como diez años después, cuando mi memoria recuperó la película para unas jornadas de cine y género. Volví a verla, sin saber muy bien qué me iba a encontrar, si la película que había considerado transgresora a los 16 había dejado de serlo a los 26. Me encontré con la sorpresa de que me lo pareció aun más, de que el recuerdo que tenía no le había hecho justicia. La vimos juntas el actual equipo de Entregrietas, que preparaba por entonces esta jornada, y después de esas jornadas, la he usado en otras muchas ocasiones para formación en temas de género.

memorias de antoniaLa película fue escrita y dirigida por Marleen Gorris en 1995, quien se declara feminista, por lo que reconoce que su película también lo es. Y también es un cuento, un bonito cuento de hadas feminista, que habla de los ciclos de amor, nacimiento y muerte, y de la celebración de la vida, la comunidad y los placeres simples, pero también de la tragedia de la vida creada por la propia humanidad, a través de las vidas de cuatro mujeres de una saga familiar.

Pero, ¿qué es lo que vamos a encontrar en ésta película, para quien no la haya visto, y qué tiene de transgresora?
• Mujeres valientes que crean su comunidad y sus normas fuera de la normas asfixiantes establecidas en el contexto de un pequeño pueblo en el ámbito rural
• Una normalización de la visión de la maternidad como decisión personal por parte de las mujeres.
• Una pareja de lesbianas criando a una hija.
• Una mujer para la que la maternidad no es una prioridad en su vida, con una  pareja masculina cuyo deseo de paternidad es patente.
• Mujeres cuya realización personal pasa por la maternidad, frente a mujeres para las que la maternidad no despierta ningún deseo.
• Mujeres más centradas en su carrera profesional y hombres que desean cuidar a sus hj@s
• La sexualidad y el deseo, así como la maternidad y paternidad entre personas con diversidad de capacidades
• Reparto de tareas domésticas, de cuidado y de subsistencia, y una revalorización de las mismas, que han de ser combinadas con el ámbito profesional, tanto en mujeres como en hombres.

Podríamos decir que lo más transgresivo de Antonia es precisamente que presenta un abanico de mujeres empoderadas, que deciden sobre sus propias vidas, y que las llevan a cabo, desde un respeto a todas las personas y a la diversidad, y contra la opresión, la violencia o la dominación.

Actualmente, Antonia se puede considerar una utopía ecofeminista. Y como dice Galeano: la utopía nos sirve para caminar…