Las madres también se arrepienten

Un estudio que revela el mayor de los tabúes: que las mujeres también pueden arrepentirse de ser madres. Que el arrepentimiento en la maternidad no es exclusivo de las mujeres que deciden no tener hijxs. Y que se arrepientan no significa que sean unos monstruos que no quieren a sus hijxs. No, quieren a sus hijxs y se arrepienten de la maternidad.

Arrepentidas de ser madres

El mandato social de la maternidad para las mujeres es tremendamente fuerte aún, y lo confirma la experiencia de que las mujeres que deciden no tener hijxs tengan que dar explicaciones acerca de su decisión, mientras que las que deciden tenerlos no tienen que enfrentarse a ningún cuestionamiento social (otra cosa ya es cuando tienen a sus criaturas y tienen que lidiar con las opiniones de todo al mundo acerca de cómo deben cuidarlas).

Club-malas-madres_th_2_thumb[3]
Vivimos en una sociedad en la que te puedes arrepentir de cualquier cosa, menos de haber tenido hijxs, eso es algo sagrado. Te puedes arrepentir de la carrera que has estudiado, de la casa que te has comprado, de la relación que tuviste hace cinco años… pero no está permitido arrepentirte de ser madre, porque ya sabemos que eso es “LO MEJOR QUE TE HA PASADO EN LA VIDA”, lo sientas así o no.

Lxs hijxs parece que vienen a darle sentido a la vida, que parece que simplemente estar vivas no es suficiente para que tenga sentido. Yo me pregunto más bien qué sentido tiene tener hijxs, sobre todo cuando lo pienso por la mañana después de leer las noticias del día.

Es muy común para las personas que no quieren tener hijxs que un comentario recurrente sea que te vas arrepentir. Bueno, parece que ya ese argumento, a partir de ahora, también puede utilizarse para las que sí quieren ser madres…

Madres: entre el corsé y el deseo

Un año más ha llegado el “Día de la Madre”, y desde nuestro rincón entregrietano asistimos con cierto pavor al ritual consagrado en torno a él. “Pasen y vean!! Tenemos a su disposición todo un arsenal de artículos que podrá consumir para demostrarle su amor a su madre!!”

Somos conscientes de que abordar la maternidad como fenómeno social y complejo que es, sería materia de tesis doctoral, pero precisamente por la importancia y por las repercusiones que tiene en la construcción de las identidades femeninas, nos animamos a dedicarle una modesta entrada de blog.

05tirasmafaldaLxs creativxs publicitarixs están actualmente en la onda de la publicidad emocional, como ya sabemos, y nos instan a consumir por amor en cada efeméride, ofreciéndonos innumerables soportes: cartelería, cuñas de radio, anuncios de TV, banners en páginas de internet, promociones publicitarias en las redes sociales… Las que recibimos en torno a la celebración del Día de la Madre suelen tener un matiz especial debido a la autenticidad y exclusividad que se presuponen para el “amor de madre” frente a otros modelos de amor. Para entrarle con un poco de humor a este tema, queremos empezar compartiendo uno de los anuncios más estereotipados (y cutres, por qué no decirlo) de creación española que hemos visto en esta semana:

El anuncio del sorteo de la ONCE ennoblece y enmascara la alianza patriarcado-capitalismo a través de la que las mujeres-madres asumen las tareas de reproducción y cuidado de la vida humana en su conjunto. Genera además una solución mágica de conciliación que legitima la explotación de las mujeres-madres, que es precisamente la que enmascara la celebración de este día: yo te quiero tanto que te regalo un número para un sorteo* que te hace mucha ilusión porque es tu día y nada puede superar el amor de una madre, ahora bien, mi bolso con los tuppers* no lo pienso dejar atrás, ni hoy, ni los 364 días restantes del año (*el regalo y los tuppers son sustituibles por otros elementos, el silogismo seguirá funcionando para analizar un porcentaje bastante alto de los anuncios para el Día de la Madre).

s29Existe un corsé enorme en los espacios políticos de participación que encierra la dimensión de re-conocimiento que tenemos en el espacio público y político las mujeres en tanto que somos madres, y a la vez, implica nuestra exclusión del espacio público como sujetos políticos de pleno derecho, precisamente porque somos madres, y nuestra dedicación a las tareas de cuidados es una tara para que participemos en igualdad de condiciones.

La maternidad, como bien dice Susanita, forma parte del Ser de la Feminidad en el imaginario simbólico y de la política del deseo en la que somos entrenadas desde niñas a través del cuidado de nuestros muñecos-bebé. Ser madre es planteado con un devenir natural que acontece en la vida de toda mujer que se precie. Es un estatus social, y además la descendencia se convierte en un apéndice a través del que te defines: la prioridad en tu vida ya no eres tú, de hecho, no puedes ser tú, porque si no te conviertes en una mala madre y, por consiguiente, en una mala mujer.

Esta “mística de la maternidad” (guiño obvio a nuestra querida Betty Friedan) salta al terreno de la participación pública y comunitaria, en la que observamos varias situaciones asociadas al hecho de ser madre:

– Si eres de las que elige ir con su hijx a todas las asambleas, reuniones y actos públicos: probablemente escuches quejas por los ruidos que pueda hacer, o porque te sacas la teta, o porque estás más atenta a sus necesidades que a lo que se está hablando, por no hablar de los horarios a los que se da la “vida pública” y de los espacios en los que se da, que suelen ser bastante incompatibles con la crianza.

– Si eres de las que elige dejar a su hijx con alguien que le cuide: se te agradecerá de forma no explícita, porque todo el mundo tiene interiorizado el discurso de la igualdad formal, pero no pienses ni por un instante que se intentará reducir la duración para facilitar la conciliación, o que aquellas personas a las que les encanta oirse acortarán sus tiempos de intervención, sino que lo más probable es que te tendrás que marchar antes de que acabe, salvo que realmente la persona con la que hayas dejado a tu hijx sea de total confianza y puedas quedarte sin límites. Ojo, que en ese caso el fantasma de la mala madre se cierne sobre tí… buuuuhhh…

– Si eres de las que eligen no tener una triple o cuádruple jornada laboral: combinar trabajo productivo, reproductivo, tiempo para la participación comunitaria y también para estar guapa y activa sexualmente. Resulta extenuante, por eso a veces muchas mujeres eligen quitarse cosas en pro de su salud, lo que se puede interpretar rápidamente como que se están autoexcluyendo de la vida pública y política. No es que las condiciones estructurales hagan que la participación y la maternidad sean incompatibles, es que tú… no tienes ganas.

No obstante, no te preocupes, la culpa de todo siempre será tuya, así que haz lo que mejor te venga, porque te van a criticar igual.

susana_1aEl corsé se amplía y aborda también a las mujeres no-madres, entendiendo la no-maternidad como un estado transitorio, no como una elección consciente, duradera y una opción maternal en sí misma. Si no eres madre, se entiende que debes adoptar un modelo de participación masculinizada o de dedicación exclusiva, de definición de nuestra autoestima en función del reconocimiento en el ámbito público. ¿Dónde quedan los autocuidados? ¿Qué es eso? ¿Para qué te vas a cocinarte pudiendo recoger los tuppers que te hace tu madre mientras tú preparas la revolución?

Sabemos que esto es una falacia, porque el sujeto político es heteronormativo y se define por la masculinidad hegemónica, por lo que aunque nos esforcemos mucho en alcanzar ese modelo, nunca seremos reconocidas como tales, pero aún así, somos cuestionadas bajo estos parámetros.

Si miramos a la historia reciente, el mayor reconocimiento que hemos obtenido las mujeres en la esfera política ha sido a través de nuestras maternidades: LAS MADRES DE… luchando por algo que tiene que ver con sus hijxs. Esas sí han merecido menciones en los libros de Historia. Aclarar que no desmerecemos estas luchas, todo lo contrario, las admiramos y respetamos profundamente, sólo queremos realizar esta observación, que no deja de parecernos paradójica: si eres madre, tus espacios para la participación pública están vendidos, salvo que el origen de esa acción política sea la maternidad en sí misma.

Seguiremos transitando los caminos y las luchas que nos lleven a realizarnos desde nuestros deseos más íntimos, lejos de las místicas y de las normas.

Gracias a nuestras madres, a sus ejemplos, a sus cuidados y a sus grandes revoluciones de la vida cotidiana.

¡FELIZ DÍA TODO EL AÑO!

a-parir

 

Vidas de mujeres. Parte I

abuelos

Mi abuela tuvo siete partos. Los 4 primeros hijos se le murieron porque no “agarraron”, después, tuvo tres más. La última es mi madre.

Se llamaba Magdalena y era una mujer culta para la época y la clase social que le tocó vivir. Aprendió a escribir porque ella quiso, a cambio de hacer las tareas domésticas en casa de la maestra. Le encantaba leer y escribir. Tenía una letra linda y temblorosa. También sabía hacer cuentas.

Vivió casi todo el siglo XX. Nació en 1902 y murió en 1993, con 91 años. Vivió la Segunda República y la Guerra Civil. La Transición a la democracia y el golpe de Estado fallido de Tejero. Mi madre siempre me cuenta que cuando mi abuela vio en la televisión la noticia del golpe de Estado dijo: “No. Otra vez NO! Que me muera yo antes.” Con una guerra a sus espaldas era suficiente.

A lo largo de su vida fue descubriendo los grandes inventos, sin los que ahora no nos imaginamos la vida, como la lavadora, la radio o la televisión. Cuando mi abuela veía las películas en la tele, pensaba que estaban sucediendo en realidad, y cuando un actor o una actriz moría en un pelicula, y después lxs veía salir en otra, siempre preguntaba: “¿Pero ese no había muerto ya?”. Se lo explicábamos una y otra vez, y lo volvía a preguntar. Ahora pienso que quizá lo hiciera porque sabía que nos hacía gracia.

De joven, se casó con mi abuelo, que era minero en un pueblo de Sierra Morena. Él también quiso estudiar y se preparó como Capataz Facultativo para ser Jefe de Minas, equivalente a la carrera de minas. Le quedaba una asignatura para terminar cuando estalló la guerra. Luchó en el bando republicano. Perdieron la guerra y a  mi abuelo lo encerraron cinco años en la cárcel. Mi madre me contó una vez que no lo mataron porque un familiar de mi abuela estaba en el otro bando. Hay muchas historias así durante la guerra.

Por entonces mis abuelxs ya tenían dos hijxs. A la mayor, mi tía, tuvieron que dejarla a cargo de una familia amiga, afin al bando republicano y con mejor posición social, que vivía en un pueblo cercano, donde mi abuelo anduvo mientras estaba en el frente. Se ofrecieron a hacerse cargo de ella mientras mis abuelxs no pudieran cuidarla, dándole techo, comida y un trato casi como el de una hija. También hubo muchas historias así, historias de solidaridad entre vecinxs, mientras el país se mataba a tiros. Mi tía no dejó de visitar a mi abuela, pero aprendió a querer a su otra familia, la familia que le había cuidado como a una hija, y se quedó con ellxs.

Mi abuela siguió adelante como pudo, con su otro hijo a cargo y su marido en la cárcel. Sin tener de dónde sacar, mi abuela juntaba comida para llevársela a mi abuelo a la cárcel. Tenía que hacer un largo viaje con la carga, y cuando al fin llegaba, no siempre le dejaban verlo. Y entonces se tenía que volver, sin más.

Todo ese tiempo mi abuela vivió con miedo, porque los guardias civiles sabían quién era ella y quien era su marido, y sabía que podían hacer lo que quisieran. Habían ganado la guerra.

Cuando yo era pequeña y la veía hacer croché sin descanso, o cantarme canciones con una dulzura infinita, no podía ni imaginar todo lo que ella había visto y vivido. Como suele pasar con lxs niñxs, yo pensaba que ella siempre había sido una abuela tal como yo la había conocido.

Estos son mis recuerdos, los que viví y los que me contaron, que como sabemos nunca serán del todo ciertos.

Mi abuela murió sin saber lo orgullosa que iba a estar de ella su nieta, la misma que ella pensaba, cuando llegó a la adolescencia, que ya no la quería como antes. Y sin saber que su vida iba a poder ser leída en la pantalla de algo parecido a un televisor.

ANTONIA. Un cuento de hadas feminista.

Modelos propositivos en el cine para la igualdad de género I.

472279.1020.A

Tenía 16 años cuando fui al cine a ver la película “Antonia”, una película que pasó por los cines españoles sin pena ni gloria (a pesar de su Óscar como mejor película extranjera, entre otros premios), pero que dejó en mí una huella eterna.

Recuerdo el día en que fui a verla, en una tarde cualquiera, cuando aun había cines de los antiguos en el centro de las ciudades, acompañada por mi entonces mejor amiga, (a la que sigo conservando, aunque ya la igualé en categoría al resto de amigas, una vez que decidí desechar las jerarquías en mi imaginario amistoso) y otra amiga más, a la que el tiempo desterró de mi vida. Recuerdo que mi mejor amiga y yo salimos encantadas, y también que a la otra no le gustó.

antonia1Por entonces ya conocía y sabía diferenciar términos como hembrismo y feminismo, que había aprendido de la mano de mi adorada directora del grupo de teatro donde hacía mis pinitos como amateur, y me había dado cuenta de que era feminista sin saberlo, desde que era pequeña y peleaba en mi casa porque mi hermano hiciera su cama al igual que yo, o que yo no la hiciera, al igual que él.

Se me quedó gravada en la retina una escena de la película, probablemente no de las más significativas, pero sí bastante impactante para mí. Una de las protagonistas salía haciendo el pino, después de hacer el amor, para facilitar que los espermatozoides llegaran mejor al óvulo. Y esa es la imagen que me vino a la cabeza, como diez años después, cuando mi memoria recuperó la película para unas jornadas de cine y género. Volví a verla, sin saber muy bien qué me iba a encontrar, si la película que había considerado transgresora a los 16 había dejado de serlo a los 26. Me encontré con la sorpresa de que me lo pareció aun más, de que el recuerdo que tenía no le había hecho justicia. La vimos juntas el actual equipo de Entregrietas, que preparaba por entonces esta jornada, y después de esas jornadas, la he usado en otras muchas ocasiones para formación en temas de género.

memorias de antoniaLa película fue escrita y dirigida por Marleen Gorris en 1995, quien se declara feminista, por lo que reconoce que su película también lo es. Y también es un cuento, un bonito cuento de hadas feminista, que habla de los ciclos de amor, nacimiento y muerte, y de la celebración de la vida, la comunidad y los placeres simples, pero también de la tragedia de la vida creada por la propia humanidad, a través de las vidas de cuatro mujeres de una saga familiar.

Pero, ¿qué es lo que vamos a encontrar en ésta película, para quien no la haya visto, y qué tiene de transgresora?
• Mujeres valientes que crean su comunidad y sus normas fuera de la normas asfixiantes establecidas en el contexto de un pequeño pueblo en el ámbito rural
• Una normalización de la visión de la maternidad como decisión personal por parte de las mujeres.
• Una pareja de lesbianas criando a una hija.
• Una mujer para la que la maternidad no es una prioridad en su vida, con una  pareja masculina cuyo deseo de paternidad es patente.
• Mujeres cuya realización personal pasa por la maternidad, frente a mujeres para las que la maternidad no despierta ningún deseo.
• Mujeres más centradas en su carrera profesional y hombres que desean cuidar a sus hj@s
• La sexualidad y el deseo, así como la maternidad y paternidad entre personas con diversidad de capacidades
• Reparto de tareas domésticas, de cuidado y de subsistencia, y una revalorización de las mismas, que han de ser combinadas con el ámbito profesional, tanto en mujeres como en hombres.

Podríamos decir que lo más transgresivo de Antonia es precisamente que presenta un abanico de mujeres empoderadas, que deciden sobre sus propias vidas, y que las llevan a cabo, desde un respeto a todas las personas y a la diversidad, y contra la opresión, la violencia o la dominación.

Actualmente, Antonia se puede considerar una utopía ecofeminista. Y como dice Galeano: la utopía nos sirve para caminar…

“Derecho a decidir”

Por: Beatriz Ramos Jurado y Auxi J. León

Ataviadas con globos en forma de corazón, camisetas y pegatinas rojas con el eslogan “derecho a vivir”, diferentes grupos de personas  se reunieron el domingo 7 de octubre en distintas provincias del estado español.  El objetivo  de las diferentes concentraciones, que han constituido la III Marcha Internacional por la vida, es difundir y recoger firmas para la ilegalización del aborto, sin contemplación de ningún supuesto.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Impulsada desde la Plataforma Derecho a vivir y la asociación Hazteoir.org, se ha desplegado la campaña Aborto Cero, que tiene como fin buscar la complicidad de la ciudadanía para que se comprometa “a no descansar hasta conseguir en España el Aborto Cero”, tal como reza en su web, y hacer así presión al gobierno para conseguir su misión.

La reivindicación de esta campaña, en palabras del representante de la plataforma en Granada, quiere “defender los derechos de las madres y los bebés”. Sin embargo, y siguiendo la reflexión de Beatriz Gimeno en su artículo “Estoy en contra de la lactancia materna”[1],  “no se está a favor o en contra de algo que nunca ha estado ni puede estar prohibido y que por tanto es una elección muy personal”. Así, nadie está en contra de las madres ni de los bebés, ya que el derecho al aborto en ningún momento obliga a una madre a que no lo sea, y no hay ninguna ley que prohíba ser madre. Sin embargo, la penalización del aborto deja en una situación de vulnerabilidad a muchas mujeres que no desean la maternidad, y que no disponen de recursos económicos para llevarlo a cabo en clínicas privadas o viajar a otros países donde las leyes lo permitan. No se considera la decisión de las mujeres a decidir sobre nuestros propios cuerpos y nuestras vidas, identificando a las mujeres con el rol de madre.

“Queremos acabar con el aborto en España porque estamos convencidos que lo único que hace falta es apoyar a las madres. Lo verdaderamente progresista es defender la vida y apoyar a las madres”. Esta afirmación resonaba por el megáfono en manos del representante de la plataforma en Córdoba, y resultaba curioso, además de chocante, escucharle mientras desde la calle perpendicular a la concentración se escuchaban los megáfonos de otra manifestación desde la que se pedía un referéndum sobre los recortes presupuestarios.

concentracion cordoba 2¿En qué consiste exactamente ese “derecho a vivir” que se defiende? El derecho a la igualdad de oportunidades, a disfrutar de una vida digna, al desarrollo personal, a la salud y a la educación, son derechos civiles que no parecen estar pensados ni contemplados en este discurso que postula la defensa de la vida.

El derecho a la vida está plasmado en el artículo 3° de la Declaración Universal de los Derechos Humanos:”Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”.[2] Y por derecho a la vida se entiende: derecho a la vida humana en sus formas corporales y psíquicas, a la vida social de las personas por medio de la cual éstas realizan obras en común y la vida de la naturaleza que relaciona a los seres humanos con las demás especies vivientes.

Vivimos en un estado que no garantiza las condiciones de libertad y seguridad en las que se debe dar la vida, cuyas políticas actuales están marcadas por una creciente pérdida de derechos sociales, en el que se entiende que la reproducción social es tarea de las mujeres-madres.

A este mensaje de “apoyar a las madres” para “defender la vida” subyace nuestro arquetipo cultural sobre la naturaleza femenina y sus habilidades innatas para la reproducción y los cuidados, que vienen dadas por un deseo de amar que incluso les llega a hacer anteponer las necesidades de sus seres más queridos, sus hijos e hijas, a las suyas propias. No perdamos de vista que si en nuestra sociedad decidimos apoyar a las madres sin generar cambios estructurales, estaremos apoyando la doble jornada laboral femenina y la discriminación laboral hacia las mujeres por cuestiones de cuidado, entre otras formas de opresión por cuestiones de género.

Amparándose en una retórica cientificista, la plataforma “Derecho a vivir”  intenta dotar de  autoridad a un discurso repleto de falacias y argumentos maniqueos y poco sostenibles. Algunos de los que podemos encontrar en los panfletos a todo color repartidos en las concentraciones son los siguientes:

–          “El aborto es un negocio multimillonario que enriquece a unos pocos, con los impuestos de todos,  a costa de la muerte, el dolor y el sufrimiento de otros. En cada aborto hay dos víctimas: el niño que muere y la mujer que aborta”.  El aborto se convierte en un negocio cuando se penaliza, dando lugar a  clínicas clandestinas que llevan  a cabo abortos en condiciones de desregularización, con la consecuente posibilidad de falta de calidad en los servicios y la atención a las mujeres que acuden a ellas. Se produce así un incremento de la desigualdad social entre las mujeres, en función del nivel adquisitivo, que introduce una brecha entre aquellas mujeres que pueden permitirse decidir su maternidad y en las que por clase social, la biología va a ser destino. Por otro lado, en un aborto no hay ningún niño que muere, en todo caso sería un embrión o feto, y la mujer no es ninguna víctima, sino una mujer que ha ejercido su derecho a decidir sobre su maternidad.

–           “La ciencia demuestra que desde el momento de la fecundación la mujer se convierte en madre de un nuevo ser vivo humano con código genético propio, único e irrepetible”. La ciencia no puede  demostrar que desde la fecundación la mujer se convierte en madre, puesto que este es un término que define la relación de una persona de sexo femenino con su hijo o hija, (ya nacido/a). La RAE define el concepto de madre como “Hembra que ha parido”.

–          “El aborto supone la muerte cruel y violenta de un ser humano”. El aborto no supone ninguna muerte cruel, puesto que no hay intención de hacer sufrir a nadie, y tampoco es violenta, ya que se lleva a cabo con el consentimiento de la mujer que decide abortar.

–          “Dolor fetal. Está ampliamente demostrado por numerosos estudios científicos, que durante el aborto el bebé sufre un dolor espantoso y siente miedo. Hasta que muere”. Esta afirmación también está “ampliamente” refutada por otros estudios científicos, que realizan otras afirmaciones como la siguiente: “La percepción del dolor se basa un entramado de conexiones neurológicas que no están plenamente desarrolladas hasta la semana 29 de la gestación. Así lo han constatado Susan Lee y su equipo -un equipo de obstetras, neurocientíficos y anestesiólogos de la Universidad de California en San Francisco (EEUU)- tras revisar todos los estudios realizados al respecto.”[3]

concentracion cordoba 1Otros argumentos que se pudieron escuchar en los alegatos de las diferentes concentraciones convocadas, versaban acerca del supuesto sufrimiento de muchas  mujeres que deciden abortar, que no deja de ser la culpa que deriva de la contradicción entre la norma moral asimilada y el deseo individual. Sin norma moral que determine lo que las mujeres debemos o no hacer con nuestros cuerpos, eliminaríamos el sufrimiento de muchas mujeres que deciden y han decidido abortar cargadas de culpabilidad judeocristiana. En cualquier caso, es otra manera de victimizar a las mujeres, mediante argumentos poco fundamentados acerca de que las mujeres que abortan padecen mayor número de enfermedades, ansiedad, e incluso suicidios.

Por otra parte,  visiones ultraconservadoras y reaccionarias se maquillan, disfrazadas de un discurso progresista. Así, en la web podemos encontrar las siguientes afirmaciones:

“(…).Lograremos que el aborto sea abolido y repudiado socialmente como lo fue la esclavitud. Si quieres unirte a este movimiento pro-derechos civiles que está haciendo historia… Si quieres estar informado de las iniciativas de información y movilización que vamos a lanzar en los próximos meses… Si quieres hacer todo lo que esté en tus manos para parar la ley del aborto libre… Únete a Aborto Cero.

Este tipo de disertaciones maniqueas con pretensiones científicas persiguen en el fondo manipular a base de desinformación, propagando ideas falsas como la equiparación de algo que no es más que una decisión individual, el hecho de abortar, con procesos trágicos de la historia humana como pueden ser la esclavitud o las guerras.

Sin embargo, bajo este supuesto movimiento “pro-derechos civiles” como se autodenominan, se esconde un discurso patriarcal y antidemocrático, que una vez más busca:

–          El control de la sexualidad de las mujeres, a través de la imposibilidad de decidir acerca de las condiciones en las que se quiere o no der madre, y de la definición de lo que es moralmente aceptable en este sentido. Del control de la sexualidad de las mujeres  deriva también el control de la organización social y política de un territorio.

–          La visión de las mujeres como seres pasivos sin capacidad de acción, sin capacidad de decisión acerca de su propia vida, y cuya principal función es la maternidad, presentando el cuerpo como destino.

–          La persecución moral y legal de las mujeres que no responden al papel sexual asignado socialmente.

Mencionar por último la tercera  gran vindicación de esta campaña: “fomentar la adopción y crear un plan de adopción nacional ágil y eficaz”, que complementa sus propuestas de abolir el aborto y proteger a las madres. Sería un absurdo pretender que se entienda la interrupción voluntaria del embarazo como un acto de crueldad contra otro ser humano, y no se aplique el mismo rasero a la idea de que toda mujer que no desee ejercer la maternidad pueda, tras haber parido, dar a un bebé en adopción como algo normalizado y sistemático. Entiéndase que no se trata de criminalizar las adopciones ni mucho menos, sino de visibilizar el hecho de que lo que nos parece cruel frente a lo que no, dependerá mucho del código ético y del sistema de valores que estemos aplicando. En cualquier caso, esta vindicación vuelve a reforzar las ideas de control sobre los cuerpos de las mujeres para favorecer la reproducción social, aunque se deba poner en riesgo el bienestar emocional de las/os neonatas/os y de las mujeres que haciendo uso de la vía de la adopción, deberán convivir con la culpabilidad de no haber respondido a las expectativas que socialmente se tienen sobre sus deseos y su cuerpo.

Por ello, resulta fundamental desenmascarar los fines últimos de estas organizaciones que, bajo  eslóganes tan aparentemente inocentes como “derecho a vivir”, están minando la lucha de las mujeres. Tal como dice Ana de Miguel: “La lucha de las mujeres, la mitad de la raza humana, ha tenido que ser la lucha por ser consideradas personas. Sí, las mujeres somos personas, naturaleza consciente. Y ser una persona es tener un proyecto de vida. Y esto hay que decirlo muy claramente: los hijos forman o no forman parte de un proyecto de vida. Por eso, si se cuestiona nuestro derecho a decidir si queremos tener un hijo o no, lo que se está cuestionando es nuestro derecho a ser personas, nuestra consideración misma como personas”.[4]


[4] http://www.nodo50.org/mujeresred/spip.php?article2012

______________________________________________________________________________________________

*Este artículo fue publicado en Octubre de 2012 por: Revista Soy Mujer y EnLucha