Las madres también se arrepienten

Un estudio que revela el mayor de los tabúes: que las mujeres también pueden arrepentirse de ser madres. Que el arrepentimiento en la maternidad no es exclusivo de las mujeres que deciden no tener hijxs. Y que se arrepientan no significa que sean unos monstruos que no quieren a sus hijxs. No, quieren a sus hijxs y se arrepienten de la maternidad.

Arrepentidas de ser madres

El mandato social de la maternidad para las mujeres es tremendamente fuerte aún, y lo confirma la experiencia de que las mujeres que deciden no tener hijxs tengan que dar explicaciones acerca de su decisión, mientras que las que deciden tenerlos no tienen que enfrentarse a ningún cuestionamiento social (otra cosa ya es cuando tienen a sus criaturas y tienen que lidiar con las opiniones de todo al mundo acerca de cómo deben cuidarlas).

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Vivimos en una sociedad en la que te puedes arrepentir de cualquier cosa, menos de haber tenido hijxs, eso es algo sagrado. Te puedes arrepentir de la carrera que has estudiado, de la casa que te has comprado, de la relación que tuviste hace cinco años… pero no está permitido arrepentirte de ser madre, porque ya sabemos que eso es “LO MEJOR QUE TE HA PASADO EN LA VIDA”, lo sientas así o no.

Lxs hijxs parece que vienen a darle sentido a la vida, que parece que simplemente estar vivas no es suficiente para que tenga sentido. Yo me pregunto más bien qué sentido tiene tener hijxs, sobre todo cuando lo pienso por la mañana después de leer las noticias del día.

Es muy común para las personas que no quieren tener hijxs que un comentario recurrente sea que te vas arrepentir. Bueno, parece que ya ese argumento, a partir de ahora, también puede utilizarse para las que sí quieren ser madres…

Machismo Trashumante

Desde el planeta entregrietano cada vez vemos más claro el vínculo entre lo virtual y lo presencial, sobre todo porque encontramos símiles evidentes entre situaciones que se dan en ambos mundos, que se reflejan y complementan.

Insistimos: el mundo virtual no es más que el alter-ego del presencial, representa los mismos valores y reproduce las mismas violencias. Si bien es cierto que ofrecen un espacio para construir nuevas maneras de ser, de estar y de colaborar, también lo es que quienes dinamizamos esos espacios somos personas socializadas en contextos concretos y lo que volcamos en las redes es producto de esa socialización.

En el mundo presencial los machistas y agresores siempre cuentan con el apoyo de la estructura del que Bourdieu llamó “privilegio masculino”. Especialmente reconocido entre los Cuerpos de Seguridad (y Represión) del Estado, también cuenta con simpatizantes en cualquier espacio colectivo (calles, autobuses…) y de participación ciudadana (desde la clásica asociación de vecinxs hasta los movimientos sociales más “alternativos”), y por supuesto en las propias estructuras de los modernos estados-nación, sustentados en valores neoliberales, militares y patriarcales.

En el mundo virtual, son los llamados trolls los que acarrean con la responsabilidad de defender la estabilidad machista del mundo a base de amenazas, discursos maniqueos, invención de datos que los avalan y pensamientos que sentencian, como por ejemplo: “Las culpables del machismo sois vosotras (las feministas). Si dejarais las cosas como están, gracias a los cambios naturales de las nuevas generaciones, desaparecería solo poco a poco”. Dígannos que cuando leen este tipo de frases no esperan encontrar al final: “In nomine patris, et filii et spiritus sancti”.

Este tipo de ideas son difundidas en la red bajo la lógica de “si repites una cosa muchas veces, se convierte en verdad”, que no es más que la misma lógica que subyace al pensamiento patriarcal “el que la sigue la consigue”: refrán y mito de la cultura popular que sustenta el derecho al acoso en ambos mundos: el físico y el virtual.

Lo más indignante es que el discurso colectivo sigue aislando los ataques machistas como si fueran actos singulares producto de la cabecita trastornada de algún individuo, lo que da pie a caer rápidamente en el “no podemos generalizar”, #NotAllMen y blabla… Una vez más: NO SON ENFERMOS, SON HIJOS SANOS DEL PATRIARCADO. Gracias. Estábamos al borde de la úlcera si no lo soltábamos.

A continuación, compartimos algunos sucesos acontecidos que ilustran nuestra indignación ante esta especie de complicidad machista inter-mundos:

1º) #SiSucedioEnMalaga #Machismo en nuestras calles: historia verídica narrada en primera persona por una amiga malagueña, que vivió esta situación en pleno centro de la ciudad, el pasado 14 de Mayo (el texto lo hemos copiado de una publicación que realizó en su perfil de Facebook, denunciando el hecho):

“Hola, hoy un desconocido se ha visto con la potestad de intentar pegarme en mitad de la calle.

El mismo que ha visto conveniente perseguirme durante 15 minutos y estar al menos, 10 de ellos, soltando burradas mientras andaba pegado a mi nuca.

En el momento de pararme, girarme, y preguntarle qué: (1) de qué nos conocíamos y (2) quién coño era para faltarme el respeto de esa manera, él, en vez de soltar algún argumento estúpido e intentar justificarse de alguna estúpida manera, ha decido que lo pertinente era pegarme una hostia para así callarme (“al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”).

Yo era más alta y probablemente pesaba más que él, pero eso da igual, yo soy una mujer y él un hombre.

En ese momento una mujer se ha parado y le ha cogido del brazo mientras yo le gritaba.

Él, abochornado por el espectáculo (no por tratarme como un cacho de carne, y no, tampoco por intentar pegarme), se ha ido agachando la cabeza.

Queridos machos del mundo:

No necesitamos vuestro piropo

Tampoco vuestra mirada que nos desnuda

No quiero que nos saludes ni que nos sonrías, no nos conocemos de nada.

Antes nos sentíamos pequeñas, frágiles y vulnerables, a día de hoy tenemos mucha mala leche y mucha rabia acumulada.”

Lo peor de esta situación es que 9 de cada 10 veces, las mujeres sufrimos este tipo de ataques en SILENCIO porque tenemos incorporado el miedo (y con razón) a ser represaliadas, porque si el grado de violencia aumenta y resultamos agredidas, sabemos que la culpa será nuestra, que lo hemos provocado.

2º) La compañera de Especialista en Igualdad, quien por desgracia ya sufre habitualmente cyberataques y amenazas, que en ocasiones incluso han saltado de las redes al mundo presencial, ha vuelto a ser censurada por Facebook.

La historia se resume en: machi-troll denuncia su página, Facebook la cierra sin comprobar nada, ella denuncia lo ilícito de esta situación, y su página vuelve: ¿a ti te han escrito pidiéndote disculpas? Porque a ella tampoco.

Recomendamos este artículo de su blog en el que reflexiona sobre estas situaciones y ofrece un análisis más que acertado de esta convergencia inter-mundos: #Neomachistas: Adoquines 2.0

Nos despedimos con una frase suya, también extraída de su perfil: “Podréis matarnos, pero no nos detendréis”.

Madres: entre el corsé y el deseo

Un año más ha llegado el “Día de la Madre”, y desde nuestro rincón entregrietano asistimos con cierto pavor al ritual consagrado en torno a él. “Pasen y vean!! Tenemos a su disposición todo un arsenal de artículos que podrá consumir para demostrarle su amor a su madre!!”

Somos conscientes de que abordar la maternidad como fenómeno social y complejo que es, sería materia de tesis doctoral, pero precisamente por la importancia y por las repercusiones que tiene en la construcción de las identidades femeninas, nos animamos a dedicarle una modesta entrada de blog.

05tirasmafaldaLxs creativxs publicitarixs están actualmente en la onda de la publicidad emocional, como ya sabemos, y nos instan a consumir por amor en cada efeméride, ofreciéndonos innumerables soportes: cartelería, cuñas de radio, anuncios de TV, banners en páginas de internet, promociones publicitarias en las redes sociales… Las que recibimos en torno a la celebración del Día de la Madre suelen tener un matiz especial debido a la autenticidad y exclusividad que se presuponen para el “amor de madre” frente a otros modelos de amor. Para entrarle con un poco de humor a este tema, queremos empezar compartiendo uno de los anuncios más estereotipados (y cutres, por qué no decirlo) de creación española que hemos visto en esta semana:

El anuncio del sorteo de la ONCE ennoblece y enmascara la alianza patriarcado-capitalismo a través de la que las mujeres-madres asumen las tareas de reproducción y cuidado de la vida humana en su conjunto. Genera además una solución mágica de conciliación que legitima la explotación de las mujeres-madres, que es precisamente la que enmascara la celebración de este día: yo te quiero tanto que te regalo un número para un sorteo* que te hace mucha ilusión porque es tu día y nada puede superar el amor de una madre, ahora bien, mi bolso con los tuppers* no lo pienso dejar atrás, ni hoy, ni los 364 días restantes del año (*el regalo y los tuppers son sustituibles por otros elementos, el silogismo seguirá funcionando para analizar un porcentaje bastante alto de los anuncios para el Día de la Madre).

s29Existe un corsé enorme en los espacios políticos de participación que encierra la dimensión de re-conocimiento que tenemos en el espacio público y político las mujeres en tanto que somos madres, y a la vez, implica nuestra exclusión del espacio público como sujetos políticos de pleno derecho, precisamente porque somos madres, y nuestra dedicación a las tareas de cuidados es una tara para que participemos en igualdad de condiciones.

La maternidad, como bien dice Susanita, forma parte del Ser de la Feminidad en el imaginario simbólico y de la política del deseo en la que somos entrenadas desde niñas a través del cuidado de nuestros muñecos-bebé. Ser madre es planteado con un devenir natural que acontece en la vida de toda mujer que se precie. Es un estatus social, y además la descendencia se convierte en un apéndice a través del que te defines: la prioridad en tu vida ya no eres tú, de hecho, no puedes ser tú, porque si no te conviertes en una mala madre y, por consiguiente, en una mala mujer.

Esta “mística de la maternidad” (guiño obvio a nuestra querida Betty Friedan) salta al terreno de la participación pública y comunitaria, en la que observamos varias situaciones asociadas al hecho de ser madre:

– Si eres de las que elige ir con su hijx a todas las asambleas, reuniones y actos públicos: probablemente escuches quejas por los ruidos que pueda hacer, o porque te sacas la teta, o porque estás más atenta a sus necesidades que a lo que se está hablando, por no hablar de los horarios a los que se da la “vida pública” y de los espacios en los que se da, que suelen ser bastante incompatibles con la crianza.

– Si eres de las que elige dejar a su hijx con alguien que le cuide: se te agradecerá de forma no explícita, porque todo el mundo tiene interiorizado el discurso de la igualdad formal, pero no pienses ni por un instante que se intentará reducir la duración para facilitar la conciliación, o que aquellas personas a las que les encanta oirse acortarán sus tiempos de intervención, sino que lo más probable es que te tendrás que marchar antes de que acabe, salvo que realmente la persona con la que hayas dejado a tu hijx sea de total confianza y puedas quedarte sin límites. Ojo, que en ese caso el fantasma de la mala madre se cierne sobre tí… buuuuhhh…

– Si eres de las que eligen no tener una triple o cuádruple jornada laboral: combinar trabajo productivo, reproductivo, tiempo para la participación comunitaria y también para estar guapa y activa sexualmente. Resulta extenuante, por eso a veces muchas mujeres eligen quitarse cosas en pro de su salud, lo que se puede interpretar rápidamente como que se están autoexcluyendo de la vida pública y política. No es que las condiciones estructurales hagan que la participación y la maternidad sean incompatibles, es que tú… no tienes ganas.

No obstante, no te preocupes, la culpa de todo siempre será tuya, así que haz lo que mejor te venga, porque te van a criticar igual.

susana_1aEl corsé se amplía y aborda también a las mujeres no-madres, entendiendo la no-maternidad como un estado transitorio, no como una elección consciente, duradera y una opción maternal en sí misma. Si no eres madre, se entiende que debes adoptar un modelo de participación masculinizada o de dedicación exclusiva, de definición de nuestra autoestima en función del reconocimiento en el ámbito público. ¿Dónde quedan los autocuidados? ¿Qué es eso? ¿Para qué te vas a cocinarte pudiendo recoger los tuppers que te hace tu madre mientras tú preparas la revolución?

Sabemos que esto es una falacia, porque el sujeto político es heteronormativo y se define por la masculinidad hegemónica, por lo que aunque nos esforcemos mucho en alcanzar ese modelo, nunca seremos reconocidas como tales, pero aún así, somos cuestionadas bajo estos parámetros.

Si miramos a la historia reciente, el mayor reconocimiento que hemos obtenido las mujeres en la esfera política ha sido a través de nuestras maternidades: LAS MADRES DE… luchando por algo que tiene que ver con sus hijxs. Esas sí han merecido menciones en los libros de Historia. Aclarar que no desmerecemos estas luchas, todo lo contrario, las admiramos y respetamos profundamente, sólo queremos realizar esta observación, que no deja de parecernos paradójica: si eres madre, tus espacios para la participación pública están vendidos, salvo que el origen de esa acción política sea la maternidad en sí misma.

Seguiremos transitando los caminos y las luchas que nos lleven a realizarnos desde nuestros deseos más íntimos, lejos de las místicas y de las normas.

Gracias a nuestras madres, a sus ejemplos, a sus cuidados y a sus grandes revoluciones de la vida cotidiana.

¡FELIZ DÍA TODO EL AÑO!

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Vacaciones en Montpelier: para Ella y para Él

Esta año nos vamos de vacaciones, que aunque no tengamos dinero para hoteles, nos iremos de camping, a un bungalow – este anunció salió con decisión de la boca de Él justo el día que acabó la escuela, fue celebrado por los hermanos con enorme algarabía, y aunque con un poco menos de júbilo,  también por Ella, quien desde hacía tiempo había dejado de pensar que su opinión era útil.

A partir de ese momento, pasaron a formar parte del ya interminable trabajo doméstico habitual, las tareas correspondientes a los preparativos de las vacaciones de toda la familia.

Para Ella quedaron preparar las maletas de 4 personas (habiendo seleccionado previa y cuidadosamente qué contendría cada una, y sustituído algunas prendas viejas o gastadas por otras nuevas, compradas para la ocasión), y organizar pequeñas maletas que sustituirían algunas de las comodidades de los espacios del hogar en el camping (maleta “cocina”, maleta “baño”, maleta “cuarto de la lavadora”, maleta “cuarto de los juguetes”, maleta “salón”). Todo esto realizado en tiempo y forma adecuados a la fecha de salida establecida, y en compañía constante de los niños que ya estaban de vacaciones y derrochaban energía de saber que pronto marcharían a la playa.

Según las agencias meteorológicas, este verano será menos caluroso de lo habitual – comentó Él la víspera de la salida durante la cena.

Para Él habían quedado las tareas de limpieza y puesta a punto del coche para el traslado, elección de camping y organización de la ruta de viaje.

Después de cuatro horas llegaron al camping “Le floreal”, a 38º, en el campo, a las afueras de Montpellier, con vistas a un polígono industrial y a media hora en coche de la playa más cercana.

Al pasar por recepción recogieron la llaves del bungalow: una especie de casita de planchas de uralita con un porche de madera prefabricada junto al que aparcaron el Dacia amarillo.

primeras paradas (1)Descargaron todo el equipaje: los juguetes de playa, las maletas, los útiles de cocina y demás enseres que Ella había preparado, y que ahora pasaban a decorar el bungalow.

Finalizada la instalación, el padre arranca el Dacia amarillo en dirección a la playa acompañado por los niños, mientras la madre preparaba la comida.

Regresan, y después de comer, duermen la siesta, porque hace mucho calor como para hacer otra cosa.

Los niños se aburren. Ella sale con ellos a la piscina para no hacer ruido y que Él pueda descansar.

Al caer la tarde, comienzan los preparativos para la cena, las duchas vespertinas y, para los niños, los juegos entre los árboles del camping con sus recién conocidos amig@s-de-vacaciones.

A las 11 de la noche se recoge la vida. El Dacia amarillo arranca, esta vez va sólo Él, quien marcha a la ciudad en busca de diversión. No regresa hasta pasadas las 3 de la madrugada.

A la mañana siguiente, amanece el segundo día de un fantástico mes entero de vacaciones en familia en Montpelier.

 

 

Sobre fútbol, mujeres y anuncios publicitarios…

El pasado domingo se hacían eco de esta noticia la prensa deportiva (AS y SPORT) y algún que otro canal de noticias, como YAHOO

¿Qué ha pasado? ¿En qué estaban pensando l@s publicistas que idearon el anuncio? Y peor aún…¿por qué la cadena no lo retira?

Este hecho pone de relieve dos aspectos casi-dramáticos de la lucha por la igualdad en el mundo del deporte:

– la invisibilización de las mujeres en las prácticas deportivas en general, y más aún en los deportes de masas como el fútbol: ningún medio se ha molestado en profundizar en la noticia o posicionarse acerca de la idoneidad del anuncio, simplemente funcionan como voceros de “la polémica”, y algunos hasta aprovechan la coyuntura para recordarnos que podemos seguir la liga en la sección “deporte femenino” en esas mismas páginas,

– el caldo de cultivo para el neomachismo y los machismos 2.0 que suponen los foros de la prensa on line: solo con echar un vistazo a los comentarios que sobre la noticia se han hecho en las webs podemos constatar este hecho, porque están plagados de estereotipos y chistes machistas de los “socialmente permitidos”.

comentarios futbol¿Hasta cuándo? ¿Cuándo se integrará  de forma eficiente en la agenda política la necesidad de realizar el seguimiento y la eliminación del sexismo mediático?

Simplemente…BELLAS

Las características de nuestro orden social, a lo largo de la historia de un patriarcado legitimado, no han propiciado en absoluto la emergencia de la identidad femenina en tanto que las mujeres no somos “sujeto”, porque nuestra condición “social” (que aunque solo sea un constructo social, a efectos prácticos se asume como natural, y a veces hasta biológico) nos relega a una pasividad que sólo nos deja “ser” para los ojos de otras personas.

Obviamente, cuestionamos esta relación directa que se suele realizar entre belleza y delgadez, pero aún así resulta llamativo cómo el hecho de que una mujer se esfuerce en “ponerse guapa” haga que un hombre sienta inseguridad porque esto le hace afirmarse en que ella está con otro, sin contemplar la posibilidad de que el objetivo de estar guapa sea su propio bienestar.

En este sentido, las identidades femeninas quedan subsumidas a la feminidad, por la que entendemos: una serie de atributos relacionados con la imagen femenina, fraguados a partir de una reflexión acerca de cómo construirla de tal forma que impresionemos con éxito a las y los demás, ya que de nuestra imagen dependen en gran medida nuestras posibilidades de promoción social. De esta manera, podríamos decir que las mujeres no nos construímos, sino que nos adaptamos a unos cánones preexistentes.

Con la emergencia de los modos liberales burgueses, en el s.XVIII se institucionaliza la delgadez como signo de distinción, en detrimento de la anterior concepción, ahora propia de las clases bajas, que consideraba la gordura símbolo de abundancia y de riqueza. Las mujeres asumieron la delgadez como un atributo deseable, asociado a la belleza y a la juventud.

Antes, la menopausia era considerada el fin de la utilidad social de las mujeres en tanto que perdían todo interés reproductivo; pero a partir de ese momento lo harán con la vejez. Este cambio da paso a un modelo cuya finalidad era prolongar la belleza-juventud para continuar gustando a sus maridos y permanecer en el seno del matrimonio, vía para sobrevivir en la sociedad. Se produjo en ese momento un incremento en los cuidados estéticos que ha trascendido, redefiniéndose, hasta nuestros días.

Cabe señalar, que muchas de estas modas impuestas a las mujeres han sido y son perjudiciales para su salud: como los pies flor de loto, los tacones, los corsés del s.XIX, “la talla 38” o las dietas milagrosas acompañadas de fármacos que aumentan su efectividad.

Precisamente mediante la proliferación del espectáculo en torno al cuerpo femenino, nace la división sexual dentro de la feminidad, generando dos grandes grupos a los que adscribirse en función de las cualidades que se tengan para despertar deseo sexual entre los hombres:

1. Diosas sublimadas, eternamente delgadas, jóvenes y bellas, que están para ser admiradas y abundan en TV y vallas publicitarias:

2.  Mujeres de carne y hueso, materiales, heterogéneas, que tienen otras cualidades y  son poco visibles en los medios de información y comunicación:

Dentro de esta cosmovisión cultural acompañada de un sistema de consumo que es la base de nuestra estructura social, los mensajes publicitarios usan los estereotipos para instalarnos en un universo onírico al que accederemos tras la adquisición del producto anunciado (quienes conforman el grupo 2 disponen de este camino para llegar a formar parte del grupo 1).

La acción (anti)pedagógica del discurso publicitario queda visible en la incidencia de las modas en el colectivo social en general, pero sobre todo en las y los adolescentes, por lo que debería reflexionarse de una manera más intensa sobre el tema, sobre si es lícito o no que la industria publicitaria haga uso de determinados estereotipos sabiendo los efectos que produce entre la población.

La Publicidad asocia el triángulo Belleza-Delgadez-Juventud a la felicidad, al éxito, al placer… Nos hace creer que consumiendo cosmética selecta o determinados productos alimentarios y con esfuerzo, llegaremos a ser como  “la bella” que lo promociona, pero esa belleza no existe, también es un producto: creado a partir de una selección minuciosa, tratado dermatológicamente, además de los retoques digitales que se hacen a fotografías y vídeos.

Pero nos crean lazos afectivos con las imágenes porque la bella también es madre, o va a la playa, o hace cualquier cosa que nosotras podemos hacer. La consecuencia de todo esto es que estas prácticas de consumo se han convertido en una necesidad y en uno de los pilares de la feminidad occidental.

A todo esto hay que sumar dos hechos:

  • El sector cosmético es de los que más dinero invierte en publicidad, dirigiéndose hacia las mujeres que son sus principales receptoras, y asestando golpes bajos psicológicos en la herida abierta de la inseguridad física femenina. La publicidad se aprovecha, según Lipovetsky, de las inseguridades que el sistema crea, por ejemplo la dependencia de tener o no una buena imagen para optar a un puesto de trabajo determinado[1].
  • La moda deja paso a la MODA ABIERTA, ya no existe una indumentaria común sino una multiplicidad de modas y modos que perfilan nuevos códigos sociales porque, detrás de cada modelo estético se agazapa una conducta y una concepción del cuerpo, dominada por los sistemas de publicidad.

Ya en los 60, Betty Friedan denominó a este fenómeno “mercantilismo sobre mujeres”, y desde los feminismos se ha reaccionado contra este fenómeno enérgicamente durante las últimas décadas, de forma que a día de hoy podemos afirmar que se han logrado visibilizar tanto la heterogeneidad existente entre los cuerpos de las mujeres, como la opresión que supone la imposición de los modelos aquí descritos y los costes que puede tener para la salud el intento de alcanzarlos. Pero eso sí, no puede perderse de vista que lejos de conseguir los objetivos de control sobre los contenidos publicitarios y televisivos referidos a los cuerpos de las mujeres, esta práctica se ha extendido sobre los cuerpos de los hombres, sobre todo en los últimos 10 años.

En general, toda la variedad de ofertas (hay un producto casi para cada parte del cuerpo) solo sirve para lo mismo: para crear incomodidad, fomentando el deseo de ser otras, de ser iguales que las bellas porque en esa idea se fundamenta el éxito de esta gallina de los huevos de oro que es la industria cosmética.

Y para tí ¿qué es “ser bella”?


[1] En: L. Ventura:  La tiranía de la belleza. Ed. Plaza & Janés. Barcelona, 2000. [pp. 30]

Las feministas son felices

Hace unos meses, desde Entregrietas decidimos unirnos a la campaña que se lanzó desde distintas plataformas feministas con objeto de modificar el contenido que Google ofrece acerca de las feministas en su buscador, como acto simbólico que tiene como finalidad darle la vuelta a la visión negativa de las mujeres feministas, ampliamente extendida en nuestra sociedad.

Las Feministas somos lo máximo

Después, quisimos investigar un poquito más, y ver qué decía Google de ésos invisibles, los hombres feministas, y esta vez a Google le costó un poquito más.

Los hombres feministas… ¿son?

Pasado un tiempo, nos hemos vuelto a acercar al buscador de Google, y algo ha cambiado, aunque no mucho.

feministas son

Han sido multitud de voces las que se han unido a este acto simbólico cibernético que quiere reflejar una imagen diferente de las feministas, una imagen con la que nos sintamos más identificadas.

Las feministas somos lo máximo es sólo una de las cosas que se pueden decir para darle la vuelta a la imagen social de las feministas.  Pero hay otras muchas cosas con las que podemos identificarnos para ir creando una imagen desde nosotras. Por ejemplo, que las feministas somos más felices, en total contradicción con el estereotipo que nos pone como unas amargadas.

mujeres felices1

Y es que el feminismo es un movimiento emancipador. Una vez que te pones las gafas de género empiezas a ver cómo la realidad cotidiana está impregnada de una pátina más o menos gruesa de patriarcado, y empiezas a darte cuenta de muchas cosas que antes no veías y que están en la base de la desigualdad de género. Sin embargo, esto mismo, a la vez es liberador, porque es entonces cuando puedes comenzar a hacerle cortes de manga a esas pequeñas y grandes cotidianidades que te oprimen. Empiezas a entender que estar bella es una imposición para las mujeres que nos quita mucho tiempo para otras actividades más interesantes, y que la base de ello es estar guapas para los hombres, que son la medida de todas las cosas. Entonces, decides que vas a ir un día  sin depilar a la playa, a ver qué pasa. Empiezas a entender que gustar a los hombres no es una obligación, y que tu autoestima no pasa por ser más o menos atractiva para ellos, que en tus relaciones amorosas llenas de insatisfacción hay una dosis importante de poder y desigualdad bajo el paraguas del amor que todo lo puede,  que además éstas relaciones están heteronormativizadas y establecen unas pautas de sexualidad que no siempre son las más satisfactorias para ti, que bajo la incomodidad de los “piropos” que te gritan por la calle lo que se esconde es una agresión sexual, y un sinfín de cosas más. Y es liberador porque solo cuando empiezas a ser consciente de estas realidades puedes empezar a establecer estrategias para enfrentarte a ellas, desde el respeto a nuestros propios ritmos y contradicciones.

Por ello, afirmamos que las feministas somos más felices. Y no solo lo pensamos nosotras.  Según un estudio, el feminismo fomenta la felicidad de las parejas, siendo éstas más sanas. Y también otras feministas confirman nuestra tesis.

Isabel Moya Richard, directora de la Editorial de la Mujer de Cuba, quien además es experta en las representaciones de las mujeres en la prensa y la publicidad, en una entrada del blog Mari Kazetari afirma: “El feminismo me ayudó a aceptar mi cuerpo, a sentirme feliz en él, aunque esté en silla de ruedas”.

Por su parte, Victora Aldunate, integrante del colectivo feminista chileno “Memoria Feminista” nos dice: “Creo que lo más importante que me ha aportado el feminismo en mi vida, es la libertad real de actuar y ser como siento y quiero. Cuando eliges ser feminista tienes que elegir entre los costos que significa no serlo y los costos que tiene ser feminista, porque todo tiene sus desafíos -además de placer y alegría-. Los costos de No ser feminista tienen que ver con actuar bajo las reglas patriarcales y neoliberales de consumo, clasismo y arribismo, bajo esa tonta idea de “familia bien constituida” que no se sabe muy bien qué es porque en esas familias “bien constituidas” muchas veces se oculta maltrato, diversas situaciones que producen dolor a sus integrantes y hasta aburrimiento. Y ser feminista significa rebelarse a todo eso para ser feliz respondiendo a las propias necesidades y deseos.(…) Creo que ser feminista, es revelarse contra lo establecido, para ser feliz, lo establecido, son esas cosas que se supone debes hacer o tolerar aunque no quieras y las creas tontas, hipócritas o humillantes, aunque te hagan daño…”

Y tú, ¿qué piensas?¿las feministas somos más felices?